Historias de fin de año

// December 30th, 2010 // Invierno 2010/11

En estos días de cambio de año es fácil caer en los tópicos de reflexiones y balances de lo acontecido, de promesas y propósitos para la siguiente temporada. Creo que intentaré evitarlo, así como de lamentos y purgaciones por la crisis. Sólo queda seguir caminando hacia adelante, luchando por los proyectos en los que mantengo ilusión, intentando cada día realizar mejor el trabajo cotidiano, aprendiendo y perfeccionándome, aunque el proyecto encargado no sea el que más me apasione o apetezca en ese momento.

Últimamente he estado trabajando en un documental relacionado con los oficios tradicionales de la sierra de Guadarrama, Una buena excusa para salir caminando desde mi casa, es lo bueno de vivir a pie de monte, armado con cámara y trípode, y dejar correr las horas del día rodando de risco en risco, perdido entre los pinares, disfrutando, todavía más de esta maravillosa sierra. Una mañana amanece cubierto de nieve, otra con sol radiante, todo vale.

Pero estas montañas no son sólo piedra y bosques. La historia de muchos hombres está escrita en sus cimas y valles, no sólo de los que nos hemos acercado a élla de una manera más o menos ociosa, si no de los que se han dejado los años y la vida recogiendo las leñas muertas del pinar, pastoreando rebaños y pernoctando noche tras noche en pequeños chozos, conduciendo carretas de bueyes por los collados. Pastores, gabarreros, vaqueros, carreteros, carboneros, hacheros… aventuras humanas de supervivencia en un medio bello pero hostil. Sin duda el paisaje que hoy día disfrutamos se debe en gran parte a la actividad de estos hombres que, a través de su trabajo, lograron un equilibrio con el entorno.

Es muy interesante observar como el desarrollo de estas actividades en diferentes partes del mundo tiene un gran paralelismo. El sistema de trabajo de los pastores de Chapursan, que estuve rodando el verano pasado en Pakistán, cerca de la frontera con Afganistán, es prácticamente el mismo al de un cabrero que pudiéramos encontrar en la sierra de Gredos. La principal diferencia es que en lugares como el Karakorum o el Hindu Kush podemos ser testigos de un arte milenario que hoy día continúa manteniéndose en activo. En nuestras montañas, actualmente, apenas encontramos alguna huella de estos hombres y lo peor, sus últimos representantes se nos están marchando poco a poco.

Cuando afronto un trabajo de este carácter siento, en cierta manera, la responsabilidad de recoger un testimonio que está condenado a extinguirse y por tanto es imprescindible guardarlo, aunque sea en mapa de bits. Para que perdure al paso del tiempo. Como me comentaba hace poco un amigo. Quizás, dentro de unos años, cuando estos maestros hayan desaparecido totalmente, nuestros hijos, nietos o bisnietos se pueden ver obligados a consultar estas fuentes digitales para aprender de nuevo oficios, olvidados, que mantuvieron durante siglos al hombre, ante la imposibilidad de sobrevivir a un sistema excesivamente ficticio.

Estas imágenes corresponden a fotogramas de mi último trabajo en la sierra de Guadarrama. Espero poder colgar algunos vídeos dentro de poco.

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