De nuevo en la Karakorum Highway

// August 24th, 2010 // PAKISTÁN 2010

Ayer bajé de Chapursán, después de casi diez días por las montañas de este maravilloso valle, entre las fronteras de Pakistán y Afganistán y la confluencia de las cordilleras del Karakorum, Hindu Kush y Pamir. Sin duda un lugar único.
Hasta el último momento no tuve claro que la policía me permitiría pasar del puesto de control en Sost. Como ya comenté en la crónica anterior, quieren cerrar el valle a los extranjeros, debido a su proximidad con la frontera afgana. Pero al final la carta que conseguí, en el último momento en Gilgit, sellada por el departamento de turismo, logró abrirme las puertas, y después de pasarse el papel entre unos y otros, llamar a sus superiores y mover la cabeza para todos los lados la respuesta fue positiva. Creo que he sido el único extranjero en lograr entrar esta temporada al valle, ya de por si muy poco conocido y frecuentado.
Cuando por la noche llegué a la casa de Alam Jan Darío, en Zood Khun, y cené con su familia, bajo el techo de su entrañable casa, logré respirar relajadamente y pensé: por fin, he conseguido llegar!. Los siguientes días ya sólo dependían de mi propio trabajo y de la colaboración de mi amigo Alam Jan.
Comencé el rodaje del documental en la escuela del pueblo de Zood Khun, que mejor principio que compartir la mañana con profesores y alumnos en el primer día de cole, después de sus vacaciones.
Al día siguiente nos trasladamos, caminando, a Baba Ghundi, un bello lugar donde se levantan los asentamientos estivales de las familias de pastores que recorren con su ganado, cada día, las montañas. Desde el principio la acojida fue increible. Su generosa  hospitalidad facilitó mi trabajo y pasé unos días inolvidables rodando cada momento de su vida y trabajo. Acompañé en un par de ocasiones a los pastores en su recorrido por las vertiginosas laderas, conduciendo el ganado, durante toda su jornada. Estas ascensiones, con cámara y trípode, intentando grabar cada detalle, me parecieron más duras que muchas subidas a grandes cimas. Los pastores repetían cada día el mismo rito, con la única ayuda de un gran palo hacían malabarismos entre los precipicios del Karakorum e Hindu Kush, escalando pendientes, realmente muy empinadas, durante horas. Hasta que a la caída del sol devolvían, entre gritos y pedradas, el ganado a los establos de Baba Ghundi.
Cada mañana, después de tomar el té con Alam Jan, me dirigía al lugar donde se apiñaban las casas de piedra de los pastores. Esperaba a que terminaran de ordenar sus cabras y compartía un desayuno con ellos de leche tibia con tortas de pan (chapatis). Grababa su partida y las labores del día, hasta que el sol se escondía por las colinas del Pamir.
Alam Jan tenía sus caballos en la vertiente afgana de estas montañas, pero regresaron a tiempo, con una caravana que conducían yaks desde Afganistán, para usarlos en nuestro camino de regreso a Zood Khun. Por lo que pude disfrutar de una travesía de regreso a caballo inolvidable.
Como todo llega a su fin, después de tener grabadas diez horas de video, y con el tiempo justo para regresar hasta Islamabad, dadas las dificultades de las comunicaciones, no me quedó mas remedio que empaquetar mi equipaje y despedirme de todos mis amigos.
El último día me costaba mucho avanzar por las calles de la aldea, ya que en cada casa siempre había alguien ofreciéndome una taza de té y, por supuesto, yo no podía, ni quería, rechazarla.
Ayer bajé de Chapursán hasta Sost, el puesto fronterizo con China, y desde allí, peleando otra vez con las dificultades de la carretera llegué, por la noche, a Karimabad, una bellísima localidad del valle de Hunza. Arrastré mi petate hasta el hotel Karim, regentado por viejos amigos y probé el agua para algo más que hidratarme.
Hoy descanso en Karimabad para mañana viajar hasta Gilgit y desde aquí intentar volar a Islamabad o regresar por la Autopista del Karakorum. Aunque todavía se encuentran muchos cortes en la carretera, es posible atravesarla en un par de días, alternando los transportes locales con caminatas de varios kilometros.
Es realmente increible la capacidad de adaptación a la adversidad y sufrimiento de este pueblo. La situación es realmente difícil para la gente que vive ahora mismo aquí. Las diferentes localidades del país se encuentran incomunicadas de las fuentes de suministro de energia y combustible principales, así como de muchos alimentos, los pueblos apenas tienen electricidad y cada vez es más difícil usar los vehículos. Bajo mi opinión, creo que el gobierno de este país, sin duda muy débil, apenas reacciona ante esta situación.
Pero la gente continúa con su vida cotidiana. Se levanta cada mañana para trabajar, caminando si no hay coches, esperando pacientemente durante horas a que una furgoneta se llene de pasajeros, para amortizar el trayecto. Arremolinándose ante una vela si no hay luz o reduciendo de su dieta muchos productos que no llegan o que se vuelven demasiado caros, dada la escasez.
Y ante toda esta adversidad continúan con su vida aceptando su destino; “qué le vamos a hacer si nos ha tocado nacer en un país como Pakistán…”. Todavía recuerdo las palabras de un hombre que me acompañaba durante uno de esos numerosos cortes de carretera, mientras sudaba arrastrando mi pesado petate a hombros hasta el siguiente vehículo. Mi compañero me animaba, entonando, en ese maravilloso inglés con acento pakistaní: “My friend, route is like the life, full of blocks…”.

One Response to “De nuevo en la Karakorum Highway”

  1. Javier says:

    Hola Luis, volvemos a saber de ti enhorabuena parece que has conseguido material para tu documental.
    Un abrazo
    Javier

Leave a Reply