Shangshung, el reino olvidado

// September 15th, 2014 // Tíbet 2014

Nos encontramos en la meseta tibetana, en una nueva expedición al Himalaya con Carlos Soria, observando, desde el Shisha Pangma (8.027 m) este magnífico paisaje, salpicado por lagos, glaciares y altas montañas. Resulta impresionante admirar la belleza del altiplano tibetano desde el Himalaya. Además del interés que despierta este lugar por su entorno natural, la historia de los pueblos que han habitado esta tierra durante siglos resulta apasionante. Sus orígenes más ancestrales, aunque se pierden en el tiempo y muchas veces se desconocen, sirvieron para forjar el carácter y rasgos más importantes de este pueblo. Conocerlos mínimamente ayuda un poco más a comprender su cultura, así como la relación que mantuvieron con otras regiones de Asia Central.
El Tíbet, como territorio, se concibe a partir de mediados del siglo VII cuando el rey Songtsen Gampo procedente de la región de Pugyal, unifica las regiones que se extienden al norte de la cordillera del Himalaya y crea un nuevo reino. Influido por las corrientes religiosas y espirituales originarias del norte de la India adopta el budismo, religión de sus dos mujeres, como credo oficial del nuevo imperio. Las dinastías mongoles, que invadieron posteriormente el país, continuaron otorgando gran poder y relevancia al budismo apoyando, sobretodo la figura del Dalai Lama, con lo que controlaban los aspectos religiosos y políticos del Estado. La situación actual del Tíbet es de Región Autónoma, subdivisión administrativa de la República Popular China.
Pero mucho antes de la unificación de Songtsen Gampo, las raíces de la cultura tibetana ya estaban arraigadas a lo largo del Techo del Mundo, extendiéndose por un vasto territorio conocido como Shangshung (Zhangzhung). No se sabe demasiado de este antiguo reino pero su existencia es crucial para entender la identidad de este pueblo.
Hay poca información sobre Shangshung. Se han encontrado vestigios procedentes de la edad de hierro: fuertes, tumbas, templos, cuevas que sirvieron de vivienda…. Sus orígenes parecen descender de las tribus “Mu”, originarias de la meseta del Tíbet Central. Grupos de cazadores que lograron domar caballos, domesticar mastines y yaks, lo que propició una actividad como ganaderos nómadas. Sometieron a las tribus que habitaban al pie del Kang Rinpoche (monte Kailash). Se establecieron en este lugar y posteriormente fueron acogiendo a otros grupos que huían de los rigores invernales desde las tierras del norte, dando lugar a un pueblo cada vez más numeroso que comenzó a expandirse.
Herodoto en el siglo V es el primero que habla sobre el territorio habitado por las tribus pobladoras de las altas mesetas de este reino, recolectoras del oro que se encuentra en agujeros habitados por hormigas gigantes. Al margen de leyendas parece demostrado que en esta zona había explotaciones auríferas que permitieron un desarrollo importante de la región, manteniendo relaciones comerciales e intercambios culturales con arios y persas, que influyeron de una manera crucial en la cultura y religión de este pueblo.
Shangshung llegó a estar formado por diferentes territorios que se extendían desde las altas mesetas y desiertos del Chantang y Taklamakán en el extremo más septentrional, hasta el reino de Mustang, al sur, hoy día parte de Nepal. Al este incluía la región del Tíbet Central y a poniente llegó a alcanzar las regiones de Ladakh (India), Baltistán y Gilgit (Pakistán).
La capital se sitiuaba en el valle del Sutlej, próximo al monte Kailash, en la ciudad conocida como Khyunglung “el palacio de plata de Garuda”.
Garuda representa un animal mitológico, originario de la cultura aria, formado por la combinación de miembros humanos y de águila. A la vez que la esvástica representan los símbolos principales de este reino y del bon, su religión. La esvástica es adoptada como símbolo de la eternidad, lo inmutable y buen augurio. Su nombre procede del sánscrito, traduciéndose como bienestar o auspicioso.
El Kang Rinpoche o monte Kailash (6.714m) representaba el centro del universo, la gran montaña sagrada que servía como antena cósmica y donde nacen algunos de los ríos más importantes de Asia: el Indo, Brahmaputra, Sutlej y Karnali. Al pie de  esta montaña se encuentran los grandes lagos Manasarovar y Rakshastal dotados también de santidad y morada de divinidades. Este lugar todavía mantiene la máxima santidad para diversas religiones: hinduistas, budistas, bonpos y jainistas. Es lugar de peregrinación y los devotos realizan una procesión circular, alrededor de la montaña, conocida como “kora”.
La religión principal de Shangshung, el Bon de la Esvástica, fue el resultado de la evolución de las creencias animistas y totenismos originarios de Asia Central, impartidas por los “gshen” (chamanes) con una gran influencia de los cultos iranios como el zoroastrismo, mitraísmo y maniqueísmo. Como en el zoroastrismo, el bon se basa en la existencia de una dualidad bien/mal. El Dios de la luz, creador del cosmos, la naturaleza y de todo lo positivo frente a la sombra negra origen de todos los demonios y elementos negativos. La orografía de este territorio está dominado por un entorno muy agreste. Las cordilleras del  Himalaya, Kuen Lun, Karakorum y las áridas mesetas a gran altitud propician el culto y veneración a elementos naturales, de los que se depende para la vida diaria, el trabajo y los desplazamientos. Altas montañas, collados, lagos, árboles y otros elementos de la naturaleza son concebidos como sagrados y habitados por espíritus o demonios a los que se rinde tributo para propiciar una convivencia sostenible, cuando no supervivencia. Se representaban, normalmente con banderas de colores conocidos como caballos de viento, los diferentes universos a través de los colores: blanco para el cielo, rojo para la tierra y azul para el submundo. También referidos como el mundo de los dioses, los espíritus y el de los demonios. El bonpo, monje o chamán, era el encargado de mantener la comunicación y armonía entre todos los estados.
El ocaso de la cultura Shangshung comienza con la unificación del Tíbet por parte del rey Songtsen Gampo que invadió el territorio a mediados del siglo VII y a pesar de que existe una convivencia durante casi un siglo, como estado vasallo, se acaba desmembrando. La doctrina budista se convierte en religión oficial del nuevo estado tibetano, el culto bon llega a ser prohibido y perseguido. Los bonpos emigran a la zonas más remotas, acusados de practicar magia negra e incluso sacrificios humanos. A pesar de todo, muchos aspectos básicos del budismo que se desarrollan en la actualidad, a lo largo del Himalaya, son herederos del bon y el animismo que buscó la mejor manera de adaptarse a la naturaleza del Techo del Mundo.
Son pocos los restos que han quedado de esta cultura en el paisaje: algunas ruinas de fuertes, templos y petroglifos. Pero el legado humano todavía es tangible. En el Baltistán pakistaní, el idioma local procede del tibetano antiguo y los rasgos étnicos son un factor común con gente que habita otras regiones, muy distantes, como Mustang (Nepal) o el Tíbet central.
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