Bienvenidos a Gilgit

// August 12th, 2010 // PAKISTÁN 2010

Bueno, recurriendo a los tópicos, se podría decir que a la tercera va la vencida o que no hay dos sin tres. Así que tras mi tercera mañana probando suerte en el aeropuerto logré montarme en un avión…. Todo sería perfecto si ese avión me hubiera llevado directamente a mi destino, Gilgit. Pero no fue así.
Como todos los días a las cinco de la mañana cogí un taxi al aeropuerto, comprobé que estaba en la lista de espera, ya que no tenía asignado ningún asiento. Esperé pacientemente a la hora en que el vuelo se cierra, el momento en el que nos apelotonamos mendigando una plaza los desterrados sin billete confirmado.
Pero la tensión no duró demasiado un encargado se precipitó en anunciarnos: -”No se molesten en suplicarnos nada….el vuelo a Gilgit se ha cancelado”.
Tres días esperando volar a Gilgit sin éxito, ya empezaban a ser demasiados. Creo que mis palabras con el amable encargado tuvieron que hacer algun efecto, ya que me ofreció cambiar mi billete por uno a Skardu, vuelo que salía en ese momento, no se si por ayudarme o por perderme de vista.
No lo dudé un momento, me veía bloqueado en Islamabad. En Skardu, a las malas, podía cambiar de planes y plantearme algún trabajo en Baltistán.
Skardu es la capital de Baltistán, una gran región del noreste de Pakistán que limita con la Cachemira India. Alberga las montañas más altas del Karakorum, por lo que resulta el destino preferido para las expediciones que quieren escalar algunas de las cumbres mas elevadas y famosas del mundo. Aquí se levantan cuatro cimas sobre los ochomil metros, entre ellas el K2 (8.611m). En Skardu he pasado buenos momentos, viajando y regresando de largas expediciones a los Gasherbrums, el K2 y otros rincones menos conocidos. Desde esta población una carretera, paralela al cauce del rio Indo, comunica Baltistán con la Karakorum Highway, pudiendo hacer el trayecto, en condiciones normales, hasta Gilgit en unas seis horas de autobús.
El vuelo es corto, aproximadamente una hora. Según salgo del pequeño aeropuerto de Skardu pregunto rápidamente por el estado de la carretera, para salir cuanto antes hacia mi destino definitivo. Las noticias vuelven a ser desconsoladoras, las lluvias han afectado también a esta zona, y la carretera se encuentra destrozada. No me dan muchas esperanzas.
No desisto y me marcho hacia la estación de autobuses, para contrastar la información. El resultado es negativo.
Hablando con diversas personas que se encuentran en la estación, un simpático hombre me comenta que cuatro amigos suyos acaban de salir hacia Gilgit, el estado de la carretera es lamentable, pero algunos locales estan intentándolo. Cuando se encuentran algún corte, caminan hasta el siguiente punto donde hay un transporte disponible, y así poco a poco van sorteando todos los obstáculos. Esta persona me dice que si decido ir llamará a sus amigos por móvil para que me esperen en el primer corte, me advierte que es posible realizar el viaje pero que resultará duro y difícil. Miro mi petate de casi cuarenta kilos, y sin pensarlo mucho le transmito mis intenciones de tirar hacia adelante, es el único camino posible.
Cojo un taxi y a menos de media hora me encuentro la carretera inundada y cuatro paquistanís esperando en la orilla, son mis nuevos compañeros de viaje.
Presentaciones, abrazos, ante todo cortesía, y “chalo, chalo!” (vamos, vamos! en urdu). Sin pensarlo dos veces me pongo en la espalda mi gran petate azul y comienzo a caminar, pesa bastante, como he comentado antes unos cuarenta kilos. Pero lo peor es que las asas se me clavan como sogas alrededor de los hombros, y su forma, poco anatómica, hace mucho más duro su transporte. Mis compañeros me miran de reojo y resoplan, vaya lastre que nos ha caido encima! creo que dudan de mis posibilidades.

Yo les sigo el paso sin protestar. Pregunto sin querer incordiar demasiado: -”Hay mucha distancia hasta el próximo vehículo” – “Cerca de una hora. Pero no es el tramo más largo…”. Prefiero no volver a preguntar.
Normalmente cuando te encuentras un corte de carretera no tienes mas que sortear la avalancha, o los bloques caidos e inmediatamente despues encuentras un vehículo. Pero en esta ocasión, debido a las fuertes lluvias, no se trata de un corte concreto, el problema es que hay tramos de carretera afectados durante kilómetros, en los que se suceden multitud de avalanchas y derrumbamientos, por lo que para sortearlos hay que andar bastante tiempo, incluso horas. Realmente esta temporada las carreteras del norte de Pakistán estan reventadas.
Yo continúo mi penitencia, como si de un martir empalado se tratara. Así pasamos uno tras otro todos los segmentos de camino afectado caminando en total unas cuatro horas, el último bloque lo sorteamos casi de noche. Por fin la carretera esta limpia hasta Gilgit, pero decidimos pasar la noche en un hotel del camino. Yo no protesto, una cama no vendrá nada mal para mi espalada dolorida. Mis amigos me miran ahora de otra manera y sonrien, hacen bromas con la gente local que mira mi petate con cierto desconcierto: -” Si, este viene asi desde Skardu…”, me dan palmadas en la espalda.
Ya de mañana, necesitamos cuatro horas de autobús para llegar a Gilgit. La primera parte del viaje está realizada, ahora queda continuar un poco más por carretera, a través del valle de Hunza, hasta el destino final, en los altos valles entre el Karakorum y el Hindu-Kush, para comenzar el rodaje del documental. El propósito principal del viaje.

2 Responses to “Bienvenidos a Gilgit”

  1. Pedro says:

    ¡Qué emocionante Luis!. No dejes de informar :-) .

    Abrazo fuerte

  2. Javier says:

    Enhorabuena Luis, por fin has llegado a Gilgit.
    Sigue informando te seguimos.
    Un fuerte abrazo.

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