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A través del Dhaulagiri

// September 21st, 2017 // No Comments » // Dhaulagiri 2017_otoño

Ya han pasado varias semanas desde que llegamos a nuestra residencia, al pie del Dhaulagiri, y no hemos desaprovechado el tiempo. En estos días hemos tenido la oportunidad de realizar dos viajes a través del gran Dhaulagiri. El primero, casi rutinario, si puede haber algo de rutina en esta parte del Mundo. Campo I y campo II, tres noches en total, para completar el proceso de aclimatación a la altura.

La segunda vez que subimos ya fue con idea de intentar la cumbre. Todos se ve de diferente manera cuando abandonas el campo base sabiendo que puede ser la ocasión de llegar a tocar el cielo, a más de ochomil metros.

Antes de salir del campamento, pasamos por la pira de enebro que ha prendido, Renji, nuestro cocinero, en el pequeño altar que se levanta junto a nuestras tiendas. El humo nos envuelve, Renji llena nuestros bolsillos con un puñado de arroz bendecido, ya estamos listos para comenzar el camino hacia lo más elevado de esta gran montaña.

En tres días llegamos al último campo, colgando de una pequeña tienda que apenas encuentra apoyo en la empinada ladera de nieve y hielo, que se precipita desde siete mil doscientos metros. En pocas horas, sobre las diez de la noche, comenzamos nuestro viaje a la cima.

Progresamos bien, en medio de una noche que aparece un poco más hostil de lo que esperábamos. Sopla el viento y nieva sobre nuestros voluminosos monos de plumas. Reconocemos el lugar donde nos dimos la vuelta la primavera pasada. Continuamos con el ánimo de llegar a la cima.

Comenzamos la gran travesía de nieve, todavía en la oscuridad de la noche. Poco a poco nos vamos encontrando muy altos. Las primeras luces nos descubren un eterno horizonte que se abre hacia el Tíbet. Un poco más arriba creemos que nos encontramos en el corredor final que conduce hacia la cima, pero no es así, nos hemos equivocado. La niebla se cuela entre las últimas murallas del Dhaulagiri, dificultando la visibilidad y acrecentando el desconcierto. Caminamos bajo la barrera que conduce hacia el punto más alto de la montaña, los 8.167m de la cima. El altímetro marca 8.050 m, apenas poco más de cien metros nos separan de nuestro objetivo. Pero el camino para conseguirlo sigue sin estar claro.

Observamos un corredor que presenta una gran cornisa en la parte superior, parece que ese puede ser, pero la gran cantidad de nieve hace que la condiciones sean muy diferentes respecto a la primavera pasada y dudamos. Dudamos lo suficiente como para no acometer este último tramo. El tiempo empieza a correr y sabemos que todavía hay un largo descenso. Nuestros pasos, definitivamente, se dirigen hacia el campo III, nos vamos. Llegamos a las tiendas con la ayuda de la luz de los frontales, en los últimos metros de un largo y duro descenso.

Después de hacer un esfuerzo, incluso mayor al de conseguir alcanzar la cumbre, nos volvemos sin nuestro objetivo cumplido. Después de darlo todo, regresamos sin pisar esa soñada cima, por muy poco, por demasiado poco.

Resulta muy duro bajar de realizar un esfuerzo tan grande sin recibir, a cambio, la satisfacción moral de haber conseguido atravesar la meta. Darlo todo sin recibir lo esperado. Pero a veces la montaña es así. Quizás esos pequeños detalles son los que la hacen, a menudo, inexpugnable y orgullosa.

El camino hacia el campo base lo realizamos en dos días, descansando en el campo I, recuperando el aliento y disfrutando de este maravillosos entorno, a pesar del gran esfuerzo.

Durante todos estos días en la montaña, tanto en el periodo de aclimatación como en el intento a la cima, he tenido la oportunidad de trabajar con mi inseparable cámara, unas veces dedicada a grabar vídeo y otras intentando captar en una única fotografía la esencia y personalidad de cada momento. Siempre es un desafío buscar en los detalles que ofrece la montaña una escena que pueda tener la fuerza suficiente para ser algo más que una imagen fija. Siempre es un privilegio poder realizar una labor profesional en un entorno tan único y especial como son las montañas del Himalaya. Sigo sintiéndome como un auténtico privilegiado.

Camino del Dhaulagiri

// September 2nd, 2017 // No Comments » // Dhaulagiri 2017_otoño

Parece como si apenas hubieran pasado poco más de tres meses desde que dejamos atrás el Dhaulagiri, después de pasar otra primavera más en el Himalaya. Y es que, realmente, abandonábamos esta montaña a finales de mayo y con los últimos días de agosto alcanzamos, de nuevo, el glaciar donde hemos pasado tantas y tantas noches soñando con pisar la cumbre del Dhaula. En esta ocasión la temperatura no es tan baja como otras veces. Llegamos aún en verano, bajo las últimas nubes del monzón, que nos han acompañado desde que salimos de Katmandú, hace poco más de una semana.

La temporada del monzón implica fuertes lluvias, inundaciones y deslizamientos del terreno, pero también ofrece algunos paisajes de gran belleza, especialmente durante los últimos días de la temporada, cuando la claridad, que aparece tras la tormenta, se mezcla con las persistentes y densas masas de nubes, escurriéndose entre los relieves del terreno.

La cordillera del Himalaya sirve como barrera natural para frenar el avance de los monzones hacia el norte. Los húmedos y fértiles valles del sur contrastan con el paisaje yermo y áspero del norte. El camino que hemos seguido, desde Pokhara, a través del cañón del Kali Gandaki, sufre constantemente los efectos de las lluvias torrenciales.

Pero al llegar a la aldea de Marpha, donde comienza nuestra marcha a pie, el paisaje cambia súbitamente. La proximidad del Alto Mustang y el Tíbet influyen radicalmente en el entorno, pasando del exuberante verdor del sur a los tonos ocres y cálidos que dominan el paisaje del norte de la cordillera. Nuestro recorrido, en dirección al campo base del Dhaulagiri, se desarrolla entre estas dos vertientes.

Desde Marpha (2.600m) hemos caminado durante tres etapas, salvando un gran desnivel, a través del Dhampus pass (5.200m) y el French pass (5.300 m), además de permanecer un día completo cobijándonos en las tiendas que montamos sobre los prados de Yak Karka, debido a las fuertes lluvias. En total cuatro jornadas, intentando esquivar la tormenta, pero disfrutando de un maravilloso escenario que, aunque ya lo hemos recorrido en varias ocasiones, no nos deja de sorprender.

A pesar de las molestias que podemos encontrar, al viajar durante el monzón por estas montañas, la combinación entre nubes y luces, propias de esta temporada, nos ofrece la posibilidad de disfrutar y recoger con la cámara bellos paisajes, cargados de mucha fuerza e intensidad.

Interpretar un paisaje dominado por el contraste y personalidad que ofrecen las montañas bajo estas condiciones siempre resulta un ejercicio divertido y creativo con resultados muy interesantes y un cierto toque pictórico.

Trabajadores del monzón

// August 25th, 2017 // No Comments » // Dhaulagiri 2017_otoño

El monzón siempre deja su huella sobre los valles y montañas de Nepal. Viajar en esta época siempre trae complicaciones. Las precarias vías de comunicación del país se convierten, muy a menudo, en una pista de lodo, interrumpida por frecuentes avalanchas de tierra y piedras. Mantener las vías de comunicación abiertas, durante esta temporada, resulta un gran esfuerzo. A pesar de que se cuenta, a veces, con maquinaria, para hacer los trabajos más complejos, en la mayoría de los casos solo queda el duro trabajo manual.

Muchas de las actividades que vemos, durante nuestros viajes por Nepal, nos recuerdan a viejos usos tradicionales, ya extinguidos en nuestro país, como es el de partir rocas con la única ayuda de mazos, cuñas y palancas.

Resulta abrumador observar como un reducido grupo de tres personas se pueden enfrentar, con la fuerza de sus manos, a un océano de grandes bloques caídos desde las vertiginosas laderas que abre el Kali Gandaki. Una de las mejores lecciones que se aprenden, recorriendo estas montañas, es a tener paciencia, a veces mucha paciencia,  y mantener una actitud positiva en todo momento, a pesar de los azotes naturales que golpean frecuentemente estos territorios.

En pocos sitios, como Nepal, un grupo de trabajadores, mientras realizan una labor tan agotadora como esta, pueden prestarse, tan fácilmente, a mostrar una amable respuesta ante la cámara.

Mañana continuaremos por los caminos del Kali Gandaki, intentando sortear las dificultades del monzón. Ante estas situaciones siempre recuerdo las palabras de un compañero de viaje paquistaní, con el que superé algunos de los continuos obstáculos que presentaba aquel país durante las terribles inundaciones de 2010. Mientras caminábamos, transportando nuestra pesada carga, a través de un gran desprendimiento de rocas, me comentó sin dejar de sonreír, a pesar del sudor que corría por su frente: “My friend, road is like the life, full of blocks”.