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Camino del Dhaulagiri

// September 2nd, 2017 // No Comments » // Dhaulagiri 2017_otoño

Parece como si apenas hubieran pasado poco más de tres meses desde que dejamos atrás el Dhaulagiri, después de pasar otra primavera más en el Himalaya. Y es que, realmente, abandonábamos esta montaña a finales de mayo y con los últimos días de agosto alcanzamos, de nuevo, el glaciar donde hemos pasado tantas y tantas noches soñando con pisar la cumbre del Dhaula. En esta ocasión la temperatura no es tan baja como otras veces. Llegamos aún en verano, bajo las últimas nubes del monzón, que nos han acompañado desde que salimos de Katmandú, hace poco más de una semana.

La temporada del monzón implica fuertes lluvias, inundaciones y deslizamientos del terreno, pero también ofrece algunos paisajes de gran belleza, especialmente durante los últimos días de la temporada, cuando la claridad, que aparece tras la tormenta, se mezcla con las persistentes y densas masas de nubes, escurriéndose entre los relieves del terreno.

La cordillera del Himalaya sirve como barrera natural para frenar el avance de los monzones hacia el norte. Los húmedos y fértiles valles del sur contrastan con el paisaje yermo y áspero del norte. El camino que hemos seguido, desde Pokhara, a través del cañón del Kali Gandaki, sufre constantemente los efectos de las lluvias torrenciales.

Pero al llegar a la aldea de Marpha, donde comienza nuestra marcha a pie, el paisaje cambia súbitamente. La proximidad del Alto Mustang y el Tíbet influyen radicalmente en el entorno, pasando del exuberante verdor del sur a los tonos ocres y cálidos que dominan el paisaje del norte de la cordillera. Nuestro recorrido, en dirección al campo base del Dhaulagiri, se desarrolla entre estas dos vertientes.

Desde Marpha (2.600m) hemos caminado durante tres etapas, salvando un gran desnivel, a través del Dhampus pass (5.200m) y el French pass (5.300 m), además de permanecer un día completo cobijándonos en las tiendas que montamos sobre los prados de Yak Karka, debido a las fuertes lluvias. En total cuatro jornadas, intentando esquivar la tormenta, pero disfrutando de un maravilloso escenario que, aunque ya lo hemos recorrido en varias ocasiones, no nos deja de sorprender.

A pesar de las molestias que podemos encontrar, al viajar durante el monzón por estas montañas, la combinación entre nubes y luces, propias de esta temporada, nos ofrece la posibilidad de disfrutar y recoger con la cámara bellos paisajes, cargados de mucha fuerza e intensidad.

Interpretar un paisaje dominado por el contraste y personalidad que ofrecen las montañas bajo estas condiciones siempre resulta un ejercicio divertido y creativo con resultados muy interesantes y un cierto toque pictórico.

Trabajadores del monzón

// August 25th, 2017 // No Comments » // Dhaulagiri 2017_otoño

El monzón siempre deja su huella sobre los valles y montañas de Nepal. Viajar en esta época siempre trae complicaciones. Las precarias vías de comunicación del país se convierten, muy a menudo, en una pista de lodo, interrumpida por frecuentes avalanchas de tierra y piedras. Mantener las vías de comunicación abiertas, durante esta temporada, resulta un gran esfuerzo. A pesar de que se cuenta, a veces, con maquinaria, para hacer los trabajos más complejos, en la mayoría de los casos solo queda el duro trabajo manual.

Muchas de las actividades que vemos, durante nuestros viajes por Nepal, nos recuerdan a viejos usos tradicionales, ya extinguidos en nuestro país, como es el de partir rocas con la única ayuda de mazos, cuñas y palancas.

Resulta abrumador observar como un reducido grupo de tres personas se pueden enfrentar, con la fuerza de sus manos, a un océano de grandes bloques caídos desde las vertiginosas laderas que abre el Kali Gandaki. Una de las mejores lecciones que se aprenden, recorriendo estas montañas, es a tener paciencia, a veces mucha paciencia,  y mantener una actitud positiva en todo momento, a pesar de los azotes naturales que golpean frecuentemente estos territorios.

En pocos sitios, como Nepal, un grupo de trabajadores, mientras realizan una labor tan agotadora como esta, pueden prestarse, tan fácilmente, a mostrar una amable respuesta ante la cámara.

Mañana continuaremos por los caminos del Kali Gandaki, intentando sortear las dificultades del monzón. Ante estas situaciones siempre recuerdo las palabras de un compañero de viaje paquistaní, con el que superé algunos de los continuos obstáculos que presentaba aquel país durante las terribles inundaciones de 2010. Mientras caminábamos, transportando nuestra pesada carga, a través de un gran desprendimiento de rocas, me comentó sin dejar de sonreír, a pesar del sudor que corría por su frente: “My friend, road is like the life, full of blocks”.