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El fin de los héroes

// May 30th, 2013 // No Comments » // Kanchenjunga 2013

Estamos en Kathmandú, después de más de dos meses de expedición en el Himalaya. Ya sólo quedan recuerdos de lo vivido estas semanas, de las imágenes que hemos almacenado en nuestra memoria y en las de nuestras cámaras. Incluso de algunas acuarelas diluidas con el agua de los glaciares del Kanchenjunga.

Los últimos días de la temporada han sido especialmente duros en esta montaña de 8.586m. Cinco personas han muerto en un lugar maravilloso, cinco hombres llenos de vida dejaron de existir de un día para otro.

A pesar de esta gran desgracia, que se concentró en unas horas, el resto de los casi 50 días y noches que hemos vivido en el Kanchenjunga han sido un auténtico privilegio; cada paso que dimos por las aristas, seracs y empinadas laderas de la montaña y cada una de las noches, acompañado de mis amigos, en los campos de altura maravillándonos por los impresionantes paisajes, únicos, de esta gran cordillera han resultado ser un placer.

Aunque es obvia la dureza de ascender por estas grandes montañas, superar sus fuertes desniveles, y sufrir la escasez de oxígeno nos hemos sentido muy bien, sin incidentes que pudieran suponer cualquier contratiempo en nuestros horarios y ritmo de ascensión.

La montaña es un lugar maravilloso donde el hombre puede dar rienda suelta a sus inquietudes de libertad en contacto con una naturaleza desbordante. Pero resulta imprescindible respetar e interpretar correctamente sus señales para no traspasar la barrera de la temeridad excesiva.

Bajo mi punto de vista la época de las gestas épicas donde el nacionalismo se mezclaba con la “conquista” de las cimas ha terminado hace tiempo. Muchas de las primeras exploraciones en el Himalaya , entre 1813 y 1907, se trataban realmente de campañas militares por parte del Imperio Británico y Ruso buscando la supremacía de ambas potencias sobre Asia Central en lo que se llegó a conocer como “Great Game”. Posteriormente las expediciones que intentaban alcanzar la cumbre de los primeros ochomiles estaban dirigidas, también, por una clara influencia militar y nacionalista. La primera ascensión de un ochomil, el Annapurna, servía como un ensalzamiento del orgullo nacional francés, después de una actuación deprimente en la Segunda Guerra Mundial. Desde Alemania se afrontaron sucesivos intentos de una primera ascensión al Nanga Parbat subvencionados por el partido nazi. Jhon Hunt dirigió la expedición de 1953 al Everest como un buen militar inglés y consiguió que Edmund Hillary y Tenzing Norgay alcanzaran la montaña más alta de la Tierra a tiempo para la coronación de la reina Isabel II.

Esta época de “ataques” a las cimas más altas del Mundo terminó hace tiempo y hoy en día las montañas no representan “campos de batalla” ni objetivos de “conquista”. Se tratan de santuarios naturales que podemos disfrutar, llevando al hombre a retomar la sensibilidad con el medio, con la Tierra, en lugares alejados de nuestro entorno habitual, domado y civilizado.

Parajes sin duda exigentes, a los que nos tenemos que acercar con la prudente preparación y respeto que exigen, pero que en ningún caso debemos de afrontar embriagados de un ego excesivo que no nos permita ver el momento oportuno de retomar el camino del valle. La época de los héroes épicos terminó hace tiempo para dar paso a la del humanismo, donde la integridad del hombre se encuentra sobre todas las cosas y la aproximación a la naturaleza representa un camino de enriquecimiento y aprendizaje personal.

Espero continuar captando a través de mi cámara secuencias de superación y esfuerzo humano alejadas de tragedias y sufrimiento. Fotografiar la tremenda belleza de esta naturaleza desbordante sin que esté salpicada de sensacionalismo y tristeza.

No hay posibilidad de congratulación alguna bajo la sombra del duelo.

Entre cinco Tesoros de Nieve

// April 19th, 2013 // 4 Comments » // Kanchenjunga 2013

Así me encuentro en este momento, rodeado por una corona de montañas formada por cinco cumbres, cuatro de ellas sobre los ochomil metros y rematada por una joya principal de 8.586 m, la tercera cima más alta de la Tierra, el Kanchenjunga.

Otra vez en el Himalaya, en la morada de las nieves, con mis compañeros Carlos Soria, Daniel Salas y Carlos Martínez además de los sherpas Mukthu, Sanghe, Pasang, Nurbu, Nima y nuestro cocinero Nathi junto con sus ayudantes, en una nueva expedición del BBVA a estas grandes montañas. Carlos intentará subir su onceava cumbre principal de ochomil metros y entre todos colaboraremos lo máximo posible para conseguir este objetivo y además compartirlo con todo el mundo a través de nuestras cámaras y las nuevas tecnologías de la comunicación, pero sin descuidar un gran respeto por la naturaleza, disfrutando de cada momento.

Llevamos pocos días habitando en esta montaña, aunque previamente estuvimos dos semanas caminando por los altos valles y pasos de Solo-Khumbu, la región del Everest, para conseguir que nuestros cuerpos se fueran adaptando a lo que les quedaba por delante. No sólo a moverse por las tremendas dimensiones del Kanchenjunga, si no a vivir a partir de ahora a una altura mínima de 5.500 m ya que el campo base, nuestro entrañable y acogedor hogar, se encuentra a esta altura, incrustado en la misma montaña, sobre un abrupto roquedal similar a un nido de águilas desde el que se divisa, a vista de pájaro, todo el glaciar Yalung. El entorno es de una belleza totalmente salvaje, entre las fronteras de Nepal y el Sikkim indio, envueltos en esta gran corona de hielo rematada por escarpadas puntas de roca que forman los cinco tesoros. Viendo este paisaje resulta muy sencillo comprender como esta montaña representa para los pueblos locales un lugar de ofrendas, una emplazamiento divino y sagrado digno de los dioses. De hecho las expediciones que consiguen coronar su cima principal suelen mantenerse a unos pocos metros del punto más alto en respeto a las culturas tradicionales que lo entronan como lugar divino. Observando esta gran obra de la naturaleza es fácil llegar a la conclusión de que no se trata de una simple morada de dioses, si no de una gran divinidad en sí misma que merece todo nuestro respeto y admiración.

Siempre me ha llamado la atención como los templos más importantes y santuarios, de casi todas las religiones, se han construido en lugares escarpados, precedidos por grandes pendientes o escalinatas donde el peregrino, además de por la propia fé, alcanzaba el altar mayor replegado y sumiso, en parte por la propia fatiga de la ascensión. En los próximos días intentaremos recorrer y trepar por las escalinatas del Kanchenjunga inclinándonos con toda la humildad y respeto que merece este gran templo de la naturaleza pero con la mirada puesta en el su altar principal.

Yosuboconcarlossoria

Dokumalia