Guardianes del alma – Keepers of the soul

// February 20th, 2018 // No Comments » // Keepers of the soul

Para la gente que visita habitualmente Nepal  la figura de los chamanes, denominados localmente como jhakris, no resulta demasiado conocida. Hoy en día su presencia, y actividad como sanadores y protectores de las almas continúa siendo desconocida, pero muy importante, especialmente en las comunidades montañosas del norte del país, donde el equilibrio entre la vida cotidiana,  y el mundo espiritual resulta imprescindible, en medio de una naturaleza desmesurada que, frecuentemente, resulta difícil controlar y predecir.

Los jhakris son herederos de una cultura milenaria, transmitida oralmente. Son testigos directos de las creencias más ancestrales, dedicadas a la veneración al entorno y los espíritus. Su testimonio es imprescindible para entender la realidad social, espiritual y cultural de estas poblaciones.

Desde hace siglos, el ser humano ha necesitado sentirse en armonía con su entorno, para intentar controlar un destino que le resultaba incierto y hostil.

La veneración a los elementos de la naturaleza, que le rodeaban, y de los que dependía para sobrevivir, encarnados como espíritus, dio origen a las primeras creencias religiosas basadas en el animismo. Sus templos no eran más que aquellos santuarios que encarnaban las fuerzas naturales que adoraban: montañas, árboles, cuevas, ríos, lagos…

Los chamanes servían como interlocutores entre el mundo espiritual y el de las personas, con las facultades necesarias para comunicarse e interpretar los mensajes de aquel mundo mágico.

El chamanismo cobra especial importancia entre las montañas del Himalaya. Un terreno inhóspito donde el hombre debe de enfrentarse con una naturaleza desbordante y unas condiciones de vida especialmente rigurosas. Las primeras doctrinas religiosas se inspiran, directamente, sobre estas creencias ancestrales. El culto Bon, originario de Shangshung (500 AC–625 DC), reino que se extendía desde los  territorios que hoy ocupan el oeste del Tíbet y noreste de Pakistán, fue una de las religiones más antiguas del Himalaya, basada en las primitivas creencias chamánicas y animistas. Cuando el rey Songtsen Gampo invade este antiguo territorio y funda el Tíbet, en el siglo VII, impone el budismo como religión oficial, llegando a perseguir a los creyentes bon. Pero, a pesar de ello, el budismo tibetano, continuaría asimilando e integrando las primitivas creencias animistas, indispensables para adaptarse en medio de una naturaleza de las proporciones del Himalaya.

Actualmente la presencia de chamanes, entre las montañas de Nepal, ha sobrevivido al paso de los siglos. La población que se extiende a lo largo de los remotos valles que se abren paso entre las altas montañas, necesitan, todavía, comunicarse con el mundo espiritual que les rodea. La religiones principales del país, como son el budismo e hinduismo, a menudo,  han situado sus templos en antiguos santuarios naturales de origen animista. Los propios rituales y puyas budistas cuentan con cierta influencia de los cultos más primitivos.

El conocimiento del chamán se ha transmitido de padres a hijos, o bien formando a un elegido, entre todos los jóvenes, por sus facultades personales. De esta manera la herencia de los chamanes se ha conseguido perpetuar, oralmente, a través del tiempo.

Los jhakris siguen ejerciendo como sanadores, a través del control de los espíritus. Aunque también han sabido adaptarse al paso de los años. En sus labores comunales, además, cobra importancia su función como líderes espirituales y maestros de ceremonias. Protegiendo tanto el plano físico como el espiritual y convirtiéndose, así, en auténticos guardianes del alma.

PROYECTO DOCUMENTAL “GUARDIANES DEL ALMA”

Durante el año pasado, 2017, tuve la oportunidad de comenzar a grabar algunas ceremonias y entrevistas a chamanes, entre las montañas del norte de Nepal. En este año continuaré con el trabajo de documentación, investigación y rodaje para culminar en un documental que pueda recoger el testimonio y realidad social, cultural e histórica de estas personas y su entorno.

Por ahora puedo ir compartiendo algunas imágenes,  fotografía y vídeo, sobre mi trabajo de campo. Espero que pronto pueda aportar más información sobre este proyecto.

Para cualquiera que esté interesado en obtener más detalles sobre el desarrollo de este documental puede contactar en el email: luis@chandratal.com

Teaser: GUARDIANES DEL ALMA


Montañas de Irán. Invierno

// February 2nd, 2018 // No Comments » // IRÁN

Cualquier época del año es buena para visitar las montañas de Irán. Cada estación tiene sus particularidades y belleza. Pero sin dudad, el invierno, es el momento en que estas montañas cuentan con una personalidad más acentuada y recia, a pesar de que esta temporada está siendo especialmente seca.

Sobre la ciudad de Teherán se levantan las estribaciones de la cordillera Alborz, dominadas por la cima del Tochal توچال‎  (3.964m), que se desploma sobre la gran urbe, uniendo, a través de una larga cresta, diferentes cumbres sobre los tres mil metros. Una entretenida ascensión partiendo desde los barrios altos de la capital.

Desde el punto más elevado del Tochal توچال‎ y el Darabad دارآباد‎ ,  cumbres que he tenido la oportunidad de ascender, se disfruta de una panorámica excepcional sobre las montañas más cercanas, así como del techo de Irán, el Damavand (5.610m) دماوند .

En una zona más remota, al norte del país, se levanta otra de las grandes montañas iranís, el Azad Kuh, آزاد کوه‎ (4.355m), “la montaña libre”, cuya etimología hace referencia, supuestamente,  a su emplazamiento geográfico, aislado y destacado sobre el resto de la cordillera.

Por último, quiero incluir en esta galería de montañas de Irán, que he tenido el privilegio de visitar este mes de enero, un lugar  muy interesante, el fuerte de Alamut, o lo que queda de él. Los restos de la fortaleza de Alamut se levantan entre las montañas Alborz, al norte de Irán, sobre un escarpado risco que le confiere la sensación de inexpugnable.

Fue residencia de la secta ismailí de los nazaries desde el año 1.090 bajo las órdenes de Hassan-i-Sabbad, “el Viejo de la Montaña”.

Conocidos como hashashin (fumadores de hachís). Se cree que su apodo pudo ser el origen de la palabra asesino, dada su reputación de soldados de fortuna y homicidas a sueldo.

El valle de Alamut además de ser un lugar de gran interés histórico, depara paisajes de gran belleza. Su acceso es complicado, desde la ciudad de Qazvín, a través de una sinuosa carretera de montaña, que atraviesa un elevado puerto.

Visitar Irán siempre es una oportunidad excelente para conocer sus maravillosos paisajes y montañas, aprender más sobre su cultura milenaria y compartir grandes momentos con buenos amigos.

A través del Dhaulagiri

// September 21st, 2017 // No Comments » // Dhaulagiri 2017_otoño

Ya han pasado varias semanas desde que llegamos a nuestra residencia, al pie del Dhaulagiri, y no hemos desaprovechado el tiempo. En estos días hemos tenido la oportunidad de realizar dos viajes a través del gran Dhaulagiri. El primero, casi rutinario, si puede haber algo de rutina en esta parte del Mundo. Campo I y campo II, tres noches en total, para completar el proceso de aclimatación a la altura.

La segunda vez que subimos ya fue con idea de intentar la cumbre. Todos se ve de diferente manera cuando abandonas el campo base sabiendo que puede ser la ocasión de llegar a tocar el cielo, a más de ochomil metros.

Antes de salir del campamento, pasamos por la pira de enebro que ha prendido, Renji, nuestro cocinero, en el pequeño altar que se levanta junto a nuestras tiendas. El humo nos envuelve, Renji llena nuestros bolsillos con un puñado de arroz bendecido, ya estamos listos para comenzar el camino hacia lo más elevado de esta gran montaña.

En tres días llegamos al último campo, colgando de una pequeña tienda que apenas encuentra apoyo en la empinada ladera de nieve y hielo, que se precipita desde siete mil doscientos metros. En pocas horas, sobre las diez de la noche, comenzamos nuestro viaje a la cima.

Progresamos bien, en medio de una noche que aparece un poco más hostil de lo que esperábamos. Sopla el viento y nieva sobre nuestros voluminosos monos de plumas. Reconocemos el lugar donde nos dimos la vuelta la primavera pasada. Continuamos con el ánimo de llegar a la cima.

Comenzamos la gran travesía de nieve, todavía en la oscuridad de la noche. Poco a poco nos vamos encontrando muy altos. Las primeras luces nos descubren un eterno horizonte que se abre hacia el Tíbet. Un poco más arriba creemos que nos encontramos en el corredor final que conduce hacia la cima, pero no es así, nos hemos equivocado. La niebla se cuela entre las últimas murallas del Dhaulagiri, dificultando la visibilidad y acrecentando el desconcierto. Caminamos bajo la barrera que conduce hacia el punto más alto de la montaña, los 8.167m de la cima. El altímetro marca 8.050 m, apenas poco más de cien metros nos separan de nuestro objetivo. Pero el camino para conseguirlo sigue sin estar claro.

Observamos un corredor que presenta una gran cornisa en la parte superior, parece que ese puede ser, pero la gran cantidad de nieve hace que la condiciones sean muy diferentes respecto a la primavera pasada y dudamos. Dudamos lo suficiente como para no acometer este último tramo. El tiempo empieza a correr y sabemos que todavía hay un largo descenso. Nuestros pasos, definitivamente, se dirigen hacia el campo III, nos vamos. Llegamos a las tiendas con la ayuda de la luz de los frontales, en los últimos metros de un largo y duro descenso.

Después de hacer un esfuerzo, incluso mayor al de conseguir alcanzar la cumbre, nos volvemos sin nuestro objetivo cumplido. Después de darlo todo, regresamos sin pisar esa soñada cima, por muy poco, por demasiado poco.

Resulta muy duro bajar de realizar un esfuerzo tan grande sin recibir, a cambio, la satisfacción moral de haber conseguido atravesar la meta. Darlo todo sin recibir lo esperado. Pero a veces la montaña es así. Quizás esos pequeños detalles son los que la hacen, a menudo, inexpugnable y orgullosa.

El camino hacia el campo base lo realizamos en dos días, descansando en el campo I, recuperando el aliento y disfrutando de este maravillosos entorno, a pesar del gran esfuerzo.

Durante todos estos días en la montaña, tanto en el periodo de aclimatación como en el intento a la cima, he tenido la oportunidad de trabajar con mi inseparable cámara, unas veces dedicada a grabar vídeo y otras intentando captar en una única fotografía la esencia y personalidad de cada momento. Siempre es un desafío buscar en los detalles que ofrece la montaña una escena que pueda tener la fuerza suficiente para ser algo más que una imagen fija. Siempre es un privilegio poder realizar una labor profesional en un entorno tan único y especial como son las montañas del Himalaya. Sigo sintiéndome como un auténtico privilegiado.