PUEBLOS DEL HIMALAYA

// April 24th, 2016 // No Comments » // Nepal invierno/primavera 2016

Los días pasan en el campo base del Annapurna mientras esperamos una oportunidad para intentar alcanzar la cima de este maravilloso, pero complicado gigante. Mientras tanto siempre hay algo de tiempo para ordenar apuntes y fotografías que he ido realizando a lo largo de diferentes viajes a esta gran cordillera. Además de la maravillosa naturaleza del Himalaya si hay algo que aporta un valor único a este lugar es, sin duda, la gente que habita entre sus montañas.

Una de las características más importantes y que enriquece el valor cultural de Nepal es la tremenda variedad étnica diseminada entre los diferentes pueblos que habitan cada rincón de este fantástico país. El origen de Nepal, como estado, se remonta a 1.768 cuando el monarca Prithvi Narayan, desde sus dominios en el reino de Gorkha, unifica los diferentes reinos y territorios al sur del Himalaya en una única nación. Consiguiendo dirigir bajo la misma corona, lugares muy distantes y remotos. Nepal, actualmente, se divide en 14 zonas y 75 distritos dirigidos por un gobierno central situado en Katmandú, con una reciente constitución aprobada en 2016.

En este país se distinguen tres zonas geográficas principales: las llanuras del Terai al sur del país, una amplia franja de colinas comprendida en la parte central y por último la zona de alta montaña definida por la gran cordillera del Himalaya, que recorre el país de este a oeste en el límite fronterizo con la Región Autónoma del Tíbet.

El Terai, fronterizo con India, mantiene una fuerte influencia étnica y cultural del país vecino. La población madhesi, de origen indo-ario, mayoritaria en este territorio, procesa la religión hindú y conserva una estructura social de castas. Los vínculos culturales con la India continúan siendo muy notables.

En el valle de Kathmandú los habitantes originarios fueron los newar. Tuvieron el control del valle y los estados vecinos hasta la unificación de Nepal por parte del rey Prithvi Narayan. A este grupo se debe la arquitectura tradicional del valle de Katmandú, donde impera el uso del ladrillo combinado con la madera tallada y las grandes pagodas que adornan los templos y palacios clásicos de lugares como Durbar o Bhaktapur. La religión principal de los newar es el hinduismo, aunque también existe un alto porcentaje de budistas. Otro grupo influyente en la vida política de Kathmandú han sido los magar, procedentes de antiguas migraciones siberianas. Muchos negocios son regentados por thakalis, pueblo emprendedor y dedicado históricamente a los negocios que controlaban las rutas comerciales, procedentes desde el Tíbet, a través del valle del Kali Gandaki.

En las regiones donde dominan las colinas habitan multitud de pueblos, diseminados a lo largo de una orografía muy abrupta, en la que apenas existen carreteras. Los pobladores de estas zonas se conocen generalmente como paharis (montañeses). En estas comunidades se mezclan habitantes de influencia hindú con población de origen tibetano. Estos últimos han procesado tradicionalmente la religión budista, aunque en los últimos años se está incrementando las minorías cristianas, debido al trabajo de predicadores procedentes de otros países. Las sociedades hinduistas se siguen estructurando en castas, a pesar de estar oficialmente abolidas. Desde los estratos más altos, abanderados por los brahmanes, a los inferiores; dalits o intocables. La clase media, representada por los chetris suele ser la más popular.

Alcanzando los altos valles del Himalaya, al pie de las grandes montañas, es latente la influencia de los pueblos que migraron desde el norte a través de la cordillera. A los integrantes de estas poblaciones, asentadas en Nepal desde hace siglos, se les denomina de una manera genérica bhotia, procedente de Bhot, como se conoce tradicionalmente al Tíbet. Entre los grupos más importantes que podemos encontrar en Nepal, con influencia tibetana, están los tamang, limbu, lepcha, sherpa, rai, gurung, así como las poblaciones que habitan a los pies del Kanchenjunga (8.586m), Mustang, Dolpo, Mugu y el extremo oeste.

Sin duda el grupo étnico más popular es el conocido como sherpa, asociado tradicionalmente al trabajo en expediciones y actividades de montaña. Los sherpas ocupan, principalmente, los valles de Makalu, Solo-Khumbu y Rowaling, aunque también se encuentran en regiones colindantes. La prosperidad, trabajando en oficios relacionados con el turismo ha llevado, en los últimos años, a un número importante de población sherpa a trasladar su residencia desde los altos valles del Himalaya a Katmandú, búscando en la ciudad un nivel de vida, aparentemente, más cómodo.

El origen de este pueblo se remonta a los desplazamientos que realizaron algunos grupos desde el este del Tíbet al sur del Himalaya hace, aproximadamente, 400 años. El comercio tradicional con el Tíbet representó durante siglos una de las principales fuentes de prosperidad, gracias a las caravanas que atravesaban frecuentemente el puerto del Nangpa-la. La ocupación china en el país vecino, a finales de 1950, frenó esta actividad. Afortunadamente para la economía sherpa, el cierre de las frontera a través del Himalaya coincidió con la apertura del reino de Nepal a los extranjeros y con las primeras expediciones de montaña en territorio nepalí, en las que esta población jugaría un papel determinante, ligándose inevitablemente al desarrollo del turismo de montaña.

Otro de los grupos importantes que habitan al pie del Himalaya son los gurungs. Los altos valles del distrito de Gorkha y Manang son los lugares donde tienen mayor presencia, aunque también habitan en algunas aldeas de la región de Solo-Khumbu. Habitualmente llevan a cabo una actividad económica basada en la agricultura de supervivencia, trabajando en pequeños cultivos desarrollados en laderas con fuerte pendiente gracias al trabajo en terrazas. Estos recursos se complementan con la ganadería, dedicándose frecuentemente al pastoreo de ovejas. Los gurungs también han cobrado fama internacional por aportar miembros de su comunidad a las tropas de élite británicas conocidas como gurkhas, caracterizados por su fuerza, resistencia y coraje. La reputación de los soldados gurungs posiblemente proceda de los tiempo de Prithvi Narayan, en el siglo XVIII. Este rey integró miembros procedentes las montañas de Gorkha a su ejército, con el objetivo de luchar por la unificación de Nepal. Actualmente los gurungs también trabajan en labores asociadas a expediciones y turismo de montaña, aunque mucho menos que los sherpas.

Al norte del curso que abre el Kali Gandak entre los macizos del Annapurna y Dhaulagiri, se encuentra la región de Mustang. El origen de este antiguo reino se remonta a la expansión, hacia el sur del Himalaya, de los territorios de Shang Shung. El reino de Shang Shung se extendía desde las actuales regiones del Baltistán paquistaní hasta el Tíbet central, integrando lugares como Ladakh, Zanskar, Changtang y Mustang. La capital se encontraba situada en las inmediaciones del monte Kailash. La religión que se procesaba en este vasto territorio era el culto bon, previo al budismo, una evolución de las primitivas prácticas chamánicas. El rey Songtsen Gampo invadió el reino de Shang Shung a mediados del siglo VII, fundando el imperio tibetano. A pesar de que la religión bon fue perseguida tras la creación del Tíbet, donde se estableció el budismo como culto oficial, las prácticas de esta milenaria creencia siguieron influyendo en los ritos de lugares como Mustang y otras regiones del Himalaya.

Continuando hacia el oeste de Nepal, nos encontramos con la región de Dolpo, habitada, también, por población de origen tibetano. La economía de estos pueblos han dependido directamente del comercio, a través del Himalaya, transportando la sal extraída de los lagos de Changtang, en el Tíbet. Este tipo de comercio también suponía un pilar muy importante para los habitantes de Mugu, asentamiento próximo a Dolpo. El camino que abre el curso del Mugu Karnali, permitía a las caravanas acceder hacia los altos pasos de montaña para atravesar la cordillera del Himalaya y comerciar con los productos del país vecino. Se adquiría principalmente sal, cambiándola por el grano y arroz de los valles de Nepal. Los problemas fronterizos, tras la ocupación china en Tíbet y la proliferación del comercio con India, popularizaron la sal procedente del sur que, a pesar de su calidad inferior, resultaba más accesible y barata. Estos factores contribuyeron a la decadencia de las caravanas de la sal. Hoy en día, los poblados más remotos, como Mugu han retomado el comercio a través del Himalaya para obtener otros artículos de consumo procedentes de China.

El extremo oeste de Nepal está formado por algunos asentamientos remotos de mayoría bhotia. Partiendo de Simikot, la población más importante de esta región, encontramos uno de los caminos más importantes de peregrinación hacia el monte Kailash (6.714m), en territorio tibetano. La montaña más sagrada para budistas, bonpos, jainistas e hinduistas. El Kailash representa el centro del universo, para los seguidores de estas religiones, que acuden en peregrinación desde diferentes lugares, para rodear la base de la montaña en una procesión circular conocida como kora.

Desde el este de Nepal hasta el remoto extremo oeste, multitud de pueblos se han asentado a lo largo de la cordillera más alta del mundo, adaptándose a un terreno muy accidentado y unas condiciones de vida muy particulares. Procedentes de las estepas tibetanas se les ha denominado de una manera genérica como bhotias, procedentes de Bhot (Tíbet), aunque sus particularidades, desarrolladas durante siglos en profundos valles, aislados por grandes montañas, han dado lugar a diferentes grupos étnicos, unidos por un mismo origen y una cultura muy similar. La religión budista es un factor común entre todos estos grupos, aunque la influencia de cultos primitivos como el bon y la dependencia de los elementos del entorno en el que habitan condiciona y está muy presente en la vida diaria de los pueblos del Himalaya.

Días intensos

// March 15th, 2016 // No Comments » // Nepal invierno/primavera 2016

Este último mes ha sido realmente intenso. Creo que cuando suceden demasiadas cosas y no da tiempo a escribir sobre ellas es un indicador de que todo va muy bien. Así se han desarrollado las últimas semanas.

A principios de año veía completado un trabajo que había estado fraguando durante años, el libro “Montañas de Agua”, una recopilación de cincuenta acuarelas realizadas durante viajes y expediciones por las montañas de Asia. Dibujadas con el agua de glaciares, ríos y arroyos, al pie de las grandes cordilleras. Un recorrido desde Irán al Tíbet pasando por las cordilleras de Afganistán, Tayikistán, Sinkiang, Pakistán, India y Nepal. Gracias a la Editorial Desnivel este proyecto, que llevaba dando vueltas durante mucho tiempo, salía a la luz.
El 4 de febrero, junto a mi amigo Carlos Soria, quien tuvo la gentileza de escribir el prólogo del libro, pude presentar oficialmente “Montañas de Agua” en la Librería Desnivel.
Unos días después salía de viaje hacia Nepal. Me adelantaba a mis compañeros de expedición para poder seguir trabajando en los proyectos que habíamos iniciado el otoño pasado con nuestra asociación “Ayuda Directa Himalaya”.
Por delante teníamos un intenso programa para cumplir todo lo que nos habíamos propuesto. Queríamos visitar la aldea de Lomsa (Lwasa) en Dolakha y la de Pawei en Solukhumbu, para comprobar que las obras de las dos escuelas se habían llevado a cabo correctamente y al mismo tiempo inspeccionar un nuevo proyecto de ayuda a comunidades remotas a través de la reconstrucción de escuelas en la región de Gorkha, epicentro del terremoto de la pasada primavera.
Apenas había llegado a Kathmandú y rápidamente nos dirigimos, tras 13 horas de autobús y unas pocas caminando hacia Lomsa (Lwasa). Allí pudimos comprobar que las obras estaban terminadas con éxito y la participación de toda la comunidad había cumplido nuestras expectativas. Tras realizar los últimos pagos a los trabajadores decidimos encargar nuevos bancos y mesas, para las tres clases que construimos.
Después disfrutamos de la fiesta de inauguración que esta población nos había preparado, con actuaciones a cargo de los alumnos y discursos de los representantes de los diferentes grupos que habían participado, aportando una total transparencia frente a la población.
Al día siguiente regresamos a Kathmandú para dirigirnos, sin pausa, hacia otra remota aldea, Dorath, en la región de Gorkha.
Tras recibir una carta solicitando ayuda para reconstruir la escuela, destruida por el terremoto, pudimos comprobar personalmente todos los datos. Nos reunimos con los representantes de la comunidad, escuela, asociación de mujeres, ancianos y los diferentes gremios para analizar las necesidades y elaborar un presupuesto para construir cinco clases nuevas con materiales sólidos. El cemento, herramientas y cinc para el tejado lo enviaremos desde la localidad de Arugath. Firmamos todas las partes y entregamos un primer pago para que, cuanto antes, comenzaran las obras.
La última visita sería a la aldea de Pawei en Solukhumbu. Tras viajar a Salleri y caminar durante una larga jornada llegamos a esta bonita localidad, donde podemos comprobar que las obras están perfectamente ejecutadas y casi terminadas, a falta de pintar las paredes y fachada y solar el suelo con cemento. Nos dirigimos caminando hasta el mercado de Sotan, a unas horas, para encargar todo lo que hace falta para dar por finalizada esta obra. En Pawei también disfrutamos de una cálida acogida y fiesta de inauguración.
No tengo más remedio que regresar a Kathmandú, ya que mis compañeros de expedición están a punto de llegar a Nepal. El 26 de febrero Carlos Soria y el resto del equipo aterrizan en Kathmandú, donde los espero.
Las últimas dos semanas las hemos pasado juntos, en el maravilloso valle del Khumbu, aclimatándonos a la altura para afrontar adecuadamente nuestra ascensión al Annapurna (8.091m). Hemos disfrutado de este rincón del Himalaya que, a pesar de haberlo visitado en frecuentes ocasiones, siempre nos sorprende y maravilla.
Mañana partiremos hacia el campo base del Annapurna, donde viviremos las próximas semanas soñando con pisar la cima de una de las montañas más altas y bellas de la Tierra.

Otoño en Nepal

// November 9th, 2015 // No Comments » // Ayuda a Nepal

Sin duda este mes de octubre en Nepal ha supuesto para mí uno de los periodos más importantes del año.

A finales de septiembre me marchaba a Kathmandú con la idea de iniciar nuevos proyectos de colaboración con Nepal, a través de la asociación, Ayuda Directa Himalaya, que habíamos creado tras el terremoto. Después de todo el verano organizando eventos, charlas, repartiendo huchas, contando con la colaboración de algunas empresas y con el gran trabajo que Carlos Soria ha llevado a cabo desde el principio para dar más difusión y conseguir fondos, solo quedaba regresar a Nepal y ponernos manos a la obra.
Rápidamente, gracias a las personas con las que ya habíamos trabajado previamente, como mi amigo Chuen Mang, con el que realizamos las primeras acciones de ayuda tras el terremoto, pudimos comenzar a evaluar algunas necesidades. Una de las personas claves fue Rahul Shrestha que, con su mujer Kate de Australia, ya estaban construyendo una escuela en una remota aldea.
Juntos nos marchamos a Lwasa, una pequeña comunidad situada en la región de Dolakha para comprobar las necesidades de reconstrucción del colegio de esta zona, afectado por el terremoto.
Un largo viaje de 12 horas en autobús local, que nos llevaría hasta un punto  donde ya solo se podía continuar caminando.
Tras visitar la escuela y reunirnos con los representantes de la comunidad decidimos apoyar la construcción de un nuevo edificio. Las instalaciones estaban derruidas y los niños asistían a clase en un refugio temporal realizado con láminas de cinc sobre los restos del antiguo edificio.
La clave del proyecto no era solo construir un nuevo colegio, si no implicar a toda la comunidad en las obras, aprovechando al máximo los recursos locales; arena, piedra y madera. Contratar trabajadores y porteadores, para crear un movimiento económico en la zona que aportara ingresos a las familias para que, así, pudieran afrontar la reconstrucción de sus propios hogares. Los materiales que no se pudieran encontrar en la zona; cemento, tejado y herramientas, los llevaríamos desde la ciudad más próxima.
De esta manera se iniciaron las obras de la escuela de Lwasa y, más tarde, las de otra aldea, Pawei, en el distrito de Solo-Khumbu.
El desarrollo de ambas construcciones marcha viento en popa, con todos los integrantes de las  comunidades trabajando en sus escuelas. Este mismo planteamiento se irá repitiendo en otras zonas remotas de Nepal afectadas por el terremoto.
A mediados de octubre llegaba a Kathmandú un numeroso grupo para realizar un trekking solidario en el valle del Khumbu. Este idea, forjada por Marta Pozo y con la ayuda de su marido, Manuel Guzmán y el propio Caros Soria, tenía como finalidad apoyar los proyectos de Ayuda Directa Himalaya, aportando una cantidad de dinero por cada participante. Además de promocionar el turismo en Nepal, recurso clave para la supervivencia de la economía del país. Gracias a la aportación directa de cada integrante del viaje y a los ingresos obtenidos por particulares y empresas que se unieron al objetivo del trekking se lograría financiar el 100% de las obras de una de las escuelas que ya estaban en marcha. Además se firmaba un acuerdo de colaboración con la empresa Multiópticas, para colaborar directamente con la Asociación y recoger durante el viaje datos sobre problemas de visión, entre la población local, para poder emprender otros proyectos en el futuro sobre estas necesidades.
El trekking solidario resultó una acción muy efectiva y directa de ayuda, además de transmitir la alegría de sus integrantes por todos los rincones del valle del Khumbu, que esta temporada registraba índices records de falta de visitantes. Logramos comunicar por redes sociales, incluso canales de televisión nacional, el mensaje de que no solo se puede seguir disfrutando de las maravillas que ofrece este país, además, realizar cualquier tipo de turismo en Nepal supone una de las mejores acciones para ayudar a levantar su economía.
Los últimos días del mes de octubre los pasé con mis amigos Manuel Guzmán y Carlos Soria a los píes del Amadablam, posiblemente la montaña más bella de la Tierra. Alcanzar su cumbre, a través de una ruta de gran belleza y complejidad fue el mejor regalo que pude obtener tras todos estos intensos días, esforzándonos en colaborar con la recuperación de este gran pueblo, que supone tanto para nosotros.
El 3 de noviembre, después de celebrar mi cumpleaños en el campo base, lograba alcanzar esta bonita cima con mi compañero Carlos Soria y los sherpas Mikel y Temba. Un auténtico broche de oro para otra maravillosa temporada vivida en Nepal.