El molino de Thame

// March 3rd, 2015 // No Comments » // Himalaya 2015

Thame (3.750 m.) es una pequeña aldea sherpa situada en la región nepalí de Solu-Khumbu, en el valle por donde discurre el Bhote Kosi, “Río del Tíbet”. Este curso de agua nace en las inmediaciones del Nangpa La (5.806 m), paso que atraviesa los contrafuertes del Cho Oyu (8.201m) hacia la Región Autónoma del Tíbet y que servía tradicionalmente de vía de comunicación y comercio entre tibetanos y sherpas.

La población de esta aldea ha sabido adaptarse y transformarse desde el prospero pasado comercial, que prácticamente desapareció con el cierre de las fronteras transhimaláyicas por parte del gobierno de la República Popular China tras la ocupación del Tíbet en 1950, a los oficios relacionados con las expediciones y el turismo de montaña. Además de los numerosos “lodges” (albergues) que se ubican en esta población, muchos de sus habitantes trabajan como porteadores y guías. El propio Tenzing Norway, primer hombre junto con Edmund Hillary en alcanzar la cumbre el Everest, en 1953, se crio en Thame.
Pero a pesar de la influencia de los negocios relacionados con el trekking y las expediciones, la población de Thame sigue estructurada en una sociedad rural dependiente de la ganadería, principalmente yaks, con una producción agrícola basada en pequeños cultivos de patata y cereal.
Por lo que la adaptación al medio y el aprovechamiento de los recursos naturales sigue siendo fundamental para su supervivencia.
Desde el curso principal del Bhote Kosi, se desvían acequias y canales para llevar agua al pueblo que, entre otras funciones, sirve para mover uno de los pocos molinos hidráulicos “corrientes y molientes” ubicados en la zona y conocidos como “gataa” en nepalí y “tsuta” en lengua sherpa. De los 25.000 molinos,  según datos del Ministerio de Cultura, Turismo y Aviación Civil de Nepal, que se pueden encontrar en el país, solo dos se ubican en este valle, uno en Thame y otro en Theso, próximo a la localidad de Thamo.
El molino de Thame fue reformado en 2006 por la asociación gubernamental nepalí TRPAP (Tourism for Rural Poverty Alleviation Program) que fomenta la ayuda a regiones remotas y reducción de la pobreza a través de acciones relacionadas con el turismo.
La gestión del molino corre a cargo de la comunidad vecinal. Cada año una familia diferente se encarga de su mantenimiento.
Este recurso no solo está a disposición de los habitantes del pueblo, a él acude gente de las aldeas de alrededor con el objeto de moler, ya sea para consumo propio o con el propósito de comerciar con la molienda en Namche Bazar, capital del Khumbu y centro neurálgico del valle.
Principalmente se muele, cebada y trigo sarraceno para consumo humano, con lo que se elabora la tsampa, harina de gran poder nutritivo y otros cereales como el maíz que, mezclado con agua, sirven de alimento para el ganado.
El importe del servicio por moler se cobra en dinero, aproximadamente 10 rupias (0,09€) por cada kilo de grano molido. El beneficio no revierte en la familia que regenta en ese momento el molino, si no que se destina a los fondos de la propia comunidad. Los datos de kilos molidos, importe, fechas y usuarios se llevan escrupulosamente en un libro de cuentas.
En otros pueblos del Khumbu, en los que la propiedad del molino es privada, se realiza un cobro en especies, en el que se retira un tanto por ciento de la molienda obtenida en concepto de pago, lo que normalmente se conocía en los molinos españoles como maquila o espolvoreo. En estos casos el beneficio recae en sus propietarios que ejercen el oficio de molinero. Este es el caso de los molinos existentes en la aldea de Khunjun.
En otras poblaciones del Himalaya en las que no se encuentran estos ingenios hidráulicos se recurre a herramientas, mucho más rudimentarias, para machacar el grano a mano.
El molino de Thame dispone de un canal, que se nutre del cauce que atraviesa el pueblo. Una pequeña compuerta permite conducir el agua hasta una balsa “tso”, donde se almacena. Esto permite moler a represadas, cuando el curso del río es bajo. Después de ser aprovechada para mover la muela del molino el agua regresa al arroyo principal. Los meses invernales resulta imposible su uso, ya que las bajas temperaturas congelan el curso alto del río reduciendo al mínimo el caudal.
Desde la presa un salto de agua, entubado “wo”, proyecta el agua a presión sobre el rodezno o motor hidráulico, que pone en marcha el movimiento del molino. Esta pieza se conoce como “bubshok” en lengua sherpa. El rodezno mueve una piedra o muela “volandera”, a través de un eje vertical, que rota sobre otra piedra fija, “solera”. Estas piezas se conocen en lengua local como “lakur”.
El edificio está formado por un pequeño habitáculo de planta rectangular y tejado a dos aguas, que apenas ofrece mucho más espacio que el necesario para albergar la maquinaria y el almacenamiento de la molienda.
El grano es suministrado a través de un saco que cuelga verticalmente desde el techo a modo de tolva, “namdhar”. Desde aquí cae a un pequeño cajón de madera (canaleja) denominado “jaru” que, abierto por la parte frontal y dirigido con unas asas de madera, hace que el grano vaya cayendo entre las dos piedras a través de un orificio realizado en la muela superior. Una vez que se muele la harina va cayendo a los pies de la piedra, que se encuentra encerrada por tablones laterales a forma de cajón rectangular, donde se recoge.
Durante el año 2015 la familia encargada de gestionar el molino es la encabezada por la señora Pasang Kinzum Sherpa, que también regenta el Thame View Lodge. Gracias a ella obtuvimos, de primera mano, muchos detalles de este molino y nos facilitó el acceso a su interior.

Shangshung, el reino olvidado

// September 15th, 2014 // No Comments » // Tíbet 2014

Nos encontramos en la meseta tibetana, en una nueva expedición al Himalaya con Carlos Soria, observando, desde el Shisha Pangma (8.027 m) este magnífico paisaje, salpicado por lagos, glaciares y altas montañas. Resulta impresionante admirar la belleza del altiplano tibetano desde el Himalaya. Además del interés que despierta este lugar por su entorno natural, la historia de los pueblos que han habitado esta tierra durante siglos resulta apasionante. Sus orígenes más ancestrales, aunque se pierden en el tiempo y muchas veces se desconocen, sirvieron para forjar el carácter y rasgos más importantes de este pueblo. Conocerlos mínimamente ayuda un poco más a comprender su cultura, así como la relación que mantuvieron con otras regiones de Asia Central.
El Tíbet, como territorio, se concibe a partir de mediados del siglo VII cuando el rey Songtsen Gampo procedente de la región de Pugyal, unifica las regiones que se extienden al norte de la cordillera del Himalaya y crea un nuevo reino. Influido por las corrientes religiosas y espirituales originarias del norte de la India adopta el budismo, religión de sus dos mujeres, como credo oficial del nuevo imperio. Las dinastías mongoles, que invadieron posteriormente el país, continuaron otorgando gran poder y relevancia al budismo apoyando, sobretodo la figura del Dalai Lama, con lo que controlaban los aspectos religiosos y políticos del Estado. La situación actual del Tíbet es de Región Autónoma, subdivisión administrativa de la República Popular China.
Pero mucho antes de la unificación de Songtsen Gampo, las raíces de la cultura tibetana ya estaban arraigadas a lo largo del Techo del Mundo, extendiéndose por un vasto territorio conocido como Shangshung (Zhangzhung). No se sabe demasiado de este antiguo reino pero su existencia es crucial para entender la identidad de este pueblo.
Hay poca información sobre Shangshung. Se han encontrado vestigios procedentes de la edad de hierro: fuertes, tumbas, templos, cuevas que sirvieron de vivienda…. Sus orígenes parecen descender de las tribus “Mu”, originarias de la meseta del Tíbet Central. Grupos de cazadores que lograron domar caballos, domesticar mastines y yaks, lo que propició una actividad como ganaderos nómadas. Sometieron a las tribus que habitaban al pie del Kang Rinpoche (monte Kailash). Se establecieron en este lugar y posteriormente fueron acogiendo a otros grupos que huían de los rigores invernales desde las tierras del norte, dando lugar a un pueblo cada vez más numeroso que comenzó a expandirse.
Herodoto en el siglo V es el primero que habla sobre el territorio habitado por las tribus pobladoras de las altas mesetas de este reino, recolectoras del oro que se encuentra en agujeros habitados por hormigas gigantes. Al margen de leyendas parece demostrado que en esta zona había explotaciones auríferas que permitieron un desarrollo importante de la región, manteniendo relaciones comerciales e intercambios culturales con arios y persas, que influyeron de una manera crucial en la cultura y religión de este pueblo.
Shangshung llegó a estar formado por diferentes territorios que se extendían desde las altas mesetas y desiertos del Chantang y Taklamakán en el extremo más septentrional, hasta el reino de Mustang, al sur, hoy día parte de Nepal. Al este incluía la región del Tíbet Central y a poniente llegó a alcanzar las regiones de Ladakh (India), Baltistán y Gilgit (Pakistán).
La capital se sitiuaba en el valle del Sutlej, próximo al monte Kailash, en la ciudad conocida como Khyunglung “el palacio de plata de Garuda”.
Garuda representa un animal mitológico, originario de la cultura aria, formado por la combinación de miembros humanos y de águila. A la vez que la esvástica representan los símbolos principales de este reino y del bon, su religión. La esvástica es adoptada como símbolo de la eternidad, lo inmutable y buen augurio. Su nombre procede del sánscrito, traduciéndose como bienestar o auspicioso.
El Kang Rinpoche o monte Kailash (6.714m) representaba el centro del universo, la gran montaña sagrada que servía como antena cósmica y donde nacen algunos de los ríos más importantes de Asia: el Indo, Brahmaputra, Sutlej y Karnali. Al pie de  esta montaña se encuentran los grandes lagos Manasarovar y Rakshastal dotados también de santidad y morada de divinidades. Este lugar todavía mantiene la máxima santidad para diversas religiones: hinduistas, budistas, bonpos y jainistas. Es lugar de peregrinación y los devotos realizan una procesión circular, alrededor de la montaña, conocida como “kora”.
La religión principal de Shangshung, el Bon de la Esvástica, fue el resultado de la evolución de las creencias animistas y totenismos originarios de Asia Central, impartidas por los “gshen” (chamanes) con una gran influencia de los cultos iranios como el zoroastrismo, mitraísmo y maniqueísmo. Como en el zoroastrismo, el bon se basa en la existencia de una dualidad bien/mal. El Dios de la luz, creador del cosmos, la naturaleza y de todo lo positivo frente a la sombra negra origen de todos los demonios y elementos negativos. La orografía de este territorio está dominado por un entorno muy agreste. Las cordilleras del  Himalaya, Kuen Lun, Karakorum y las áridas mesetas a gran altitud propician el culto y veneración a elementos naturales, de los que se depende para la vida diaria, el trabajo y los desplazamientos. Altas montañas, collados, lagos, árboles y otros elementos de la naturaleza son concebidos como sagrados y habitados por espíritus o demonios a los que se rinde tributo para propiciar una convivencia sostenible, cuando no supervivencia. Se representaban, normalmente con banderas de colores conocidos como caballos de viento, los diferentes universos a través de los colores: blanco para el cielo, rojo para la tierra y azul para el submundo. También referidos como el mundo de los dioses, los espíritus y el de los demonios. El bonpo, monje o chamán, era el encargado de mantener la comunicación y armonía entre todos los estados.
El ocaso de la cultura Shangshung comienza con la unificación del Tíbet por parte del rey Songtsen Gampo que invadió el territorio a mediados del siglo VII y a pesar de que existe una convivencia durante casi un siglo, como estado vasallo, se acaba desmembrando. La doctrina budista se convierte en religión oficial del nuevo estado tibetano, el culto bon llega a ser prohibido y perseguido. Los bonpos emigran a la zonas más remotas, acusados de practicar magia negra e incluso sacrificios humanos. A pesar de todo, muchos aspectos básicos del budismo que se desarrollan en la actualidad, a lo largo del Himalaya, son herederos del bon y el animismo que buscó la mejor manera de adaptarse a la naturaleza del Techo del Mundo.
Son pocos los restos que han quedado de esta cultura en el paisaje: algunas ruinas de fuertes, templos y petroglifos. Pero el legado humano todavía es tangible. En el Baltistán pakistaní, el idioma local procede del tibetano antiguo y los rasgos étnicos son un factor común con gente que habita otras regiones, muy distantes, como Mustang (Nepal) o el Tíbet central.
Más información sobre este tema:

Hacia el trono de los dioses

// May 30th, 2014 // No Comments » // Nepal 2014

Acabamos de aterrizar de nuevo en casa después de dos meses de expedición por el Himalaya. Como siempre regresamos enriquecidos por las experiencias tan intensas que vivimos en estas formidables montañas pero, además, en esta ocasión hemos tenido la oportunidad de permanecer durante unos minutos en el tercer punto más elevado de la Tierra. Por unos segundos fuimos algunas de las personas que más sobresalían sobre la corteza terrestre. Parecía que podíamos acariciar la estratosfera y la línea del horizonte se combaba bajo nuestros pies. Sensaciones muy particulares que servían como guinda a un gran pastel que disfrutamos poco a poco, con mucha paciencia, intentando saborear cada bocado.

El gran Kanchenjunga ya nos había servido como hogar la primavera pasada y conocíamos bien sus recovecos hasta la misma base de su pirámide somital. Desde el principio esta montaña me impresionó especialmente. La ruta hasta su cumbre principal, a 8.586m más que una ascensión siempre me ha parecido un largo viaje, una gran travesía por un océano de hielo y roca que serpentea por cerros, crestas y glaciares durante días para culminar en un promontorio rocoso, que en sí mismo, podría parecer una montaña independiente.
Desde el campo base la cima se veía lejana pero, cada tarde, siempre que las nubes ascendentes del valle lo permitían, podíamos pensar en acariciar sus dorados perfiles, todo un sueño que afortunadamente se hizo realidad.
El Kanchenjunga (8.586m) es la tercera cota más alta de la Tierra. Se levanta en un remoto rincón al este de Nepal, haciendo frontera con el antiguo reino de Sikkim (India). Es una montaña muy especial. Forma un macizo de cinco cumbres (cuatro de ellas sobre los 8.000 metros de altura) nombradas como “Los cinco tesoros de las nieves” otorgándole un alto grado de santidad. Como es muy habitual en otras zonas de Nepal y entre las culturas del Himalaya, esta cima es considerada sagrada y lugar de residencia de dioses y espíritus de la montaña.
El animismo, integrado en el budismo tántrico, influye definitivamente en la forma de entender y adaptarse a un entorno tan excepcional y por tanto la veneración a la naturaleza es fundamental. Por este motivo, el primer paso que tiene que tomar cualquier expedición que intente ascender el Kanchenjunga, es pedir permiso y protección a las divinidades que habitan entre sus glaciares.
El protocolo es realizar una “puja”, celebración impartida por un lama venido del valle. Entre el humo del enebro quemado y los “mantras” recitados se construye un promontorio, en forma de antena cósmica, decorada con banderitas de oración y “tormas” (representaciones de los espíritus divinos amasados con harina de cebada y trigo sarraceno “tsampa”). Este rito es básico para comenzar la ascensión. Ningún sherpa se adentrará en la montaña hasta que no se realice convenientemente la puja. La fecha será determinada a través de un calendario lunar.
Durante todos los días que andábamos sumergidos entre las nieves del Kanchenjunga una cortina de humo se levantaba desde nuestro pequeño altar, en el campo base, hacia las nubes que acariciaban la montaña. El volumen de enebro ardiendo se incrementaba según nos encontrábamos a más altura.
El desarrollo de los días previos a alcanzar la cima reforzaron mi sensación de estar realizando una larga peregrinación, permaneciendo seis noches seguidas en altura, desde que salimos del campo base hasta nuestro regreso.
Pasamos dos días en el primer campamento, cercano a los 6.200m. Una jornada completa es este campo nos sirvió para desconectar del mundo más allá del lugar donde nos encontrábamos, concentrándonos y reflexionando sobre las etapas que nos quedaban por vivir en la montaña. La fecha clave de intento a cima se había fijado en el 17 de mayo, pero mientras ascendíamos al campo dos, a casi sietemil metros de altura, la meteorología quiso desplazar levemente el clima propicio hacia el 18, por lo que decidimos permanecer otro día completo y dos noches, a esta altura. La suerte ya estaba echada y la euforia nos ayudó a alcanzar con fuerza el último campamento mientras observábamos la pirámide final del Kanchenjunga. A nuestras espaldas se iba abriendo un horizonte de montañas y glaciares cada vez más impresionantes. La vista del Makalu, el Everest y de las montañas de Sikkim nos demostraban que cada vez estábamos más altos y que poco a poco despegábamos de la Tierra.
En el último campo, el tercero, apenas pasamos unas horas, lo suficiente para intentar llenar nuestras reservas de agua y descansar. Cuando empezaba a caer el sol, sobre las siete de la tarde salimos de nuestras tiendas para acometer la última etapa hasta la cima. Parecía cerca, pero todavía quedaban mil doscientos metros de desnivel y muchas horas por delante. Unos minutos antes de partir, la luz del atardecer desapareció y los primeros pasos se desarrollaron, ya, en medio de la oscuridad. En ese instante sentí estar viviendo algo mágico. La última etapa de la travesía hacia el trono de los dioses se desarrollaría en mitad de la oscuridad y cuando los rayos de sol nos volvieran a acariciar ya estaríamos muy cerca del punto más alto. Según subíamos un mar de nubes se extendía bajo nuestros pies y hasta la misma luna parecía encontrarse por debajo de nosotros. Creía reconocer cada rincón por el que subíamos, había pensado durante mucho tiempo en este momento. Poco a poco la luz lunar empezó a mezclarse con los primeros instantes de la mañana creando un momento de auténtico y bello caos de colores y matices. Entonces tuve la sensación de que realmente íbamos a llegar a nuestro objetivo y disfruté de esos primeros rayos de sol. Los últimos metros eran delicados, sin apenas protección de cuerdas, pero conducían directamente a la cima de los cinco tesoros de nieve y nuestra moral se encontraba también en el punto más elevado.
Una corta arista de hielo conducía directamente al lugar donde confluyen todas las líneas de la montaña. A muy pocos metros de la cima tuve la oportunidad de vivir uno de los instantes más felices de mi vida profesional. Saqué la cámara de vídeo que guardaba celosamente en el interior de mi traje de plumas y le pedí a Carlos Soria que esperara un momento, apoyé una rodilla sobre la nieve, para conseguir la máxima estabilidad, compuse el cuadro que veía a través del visor, pulse el botón de grabación y entonces hice una indicación a mis compañeros para que comenzaran a andar y así terminaran de ascender los últimos metros hasta el pináculo final. Unos segundos de esfuerzo, respiración profunda y emoción para tener el privilegio de inmortalizar un momento y lugar absolutamente único junto con mis compañeros Carlos Soria, Sito Carcavilla, Carlos Martínez, Muktu Lakpa Sherpa, Pasang Sherpa y Jangbu Sherpa. Daniel Salas nos proporcionó todo el apoyo y cobertura posible desde el campo base. La euforia fue dando paso al cansancio durante el descenso, una interminable bajada hasta el último campamento, que conseguimos alcanzar unos momentos antes de que el sol desapareciera otra vez. Así terminaba una jornada muy larga, cerca de 24 horas sin apenas un breve descanso. Sin duda un día muy duro pero repleto de sensaciones extraordinarias. Un viaje fantástico entre la frontera del mundo de los hombres y el de los dioses de la montaña.
(“Hacia el trono de los dioses” es un maravilloso libro escrito por Herbert Tichy, totalmente recomendable.)