Otoño en Nepal

// November 9th, 2015 // No Comments » // Ayuda a Nepal

Sin duda este mes de octubre en Nepal ha supuesto para mí uno de los periodos más importantes del año.

A finales de septiembre me marchaba a Kathmandú con la idea de iniciar nuevos proyectos de colaboración con Nepal, a través de la asociación, Ayuda Directa Himalaya, que habíamos creado tras el terremoto. Después de todo el verano organizando eventos, charlas, repartiendo huchas, contando con la colaboración de algunas empresas y con el gran trabajo que Carlos Soria ha llevado a cabo desde el principio para dar más difusión y conseguir fondos, solo quedaba regresar a Nepal y ponernos manos a la obra.
Rápidamente, gracias a las personas con las que ya habíamos trabajado previamente, como mi amigo Chuen Mang, con el que realizamos las primeras acciones de ayuda tras el terremoto, pudimos comenzar a evaluar algunas necesidades. Una de las personas claves fue Rahul Shrestha que, con su mujer Kate de Australia, ya estaban construyendo una escuela en una remota aldea.
Juntos nos marchamos a Lwasa, una pequeña comunidad situada en la región de Dolakha para comprobar las necesidades de reconstrucción del colegio de esta zona, afectado por el terremoto.
Un largo viaje de 12 horas en autobús local, que nos llevaría hasta un punto  donde ya solo se podía continuar caminando.
Tras visitar la escuela y reunirnos con los representantes de la comunidad decidimos apoyar la construcción de un nuevo edificio. Las instalaciones estaban derruidas y los niños asistían a clase en un refugio temporal realizado con láminas de cinc sobre los restos del antiguo edificio.
La clave del proyecto no era solo construir un nuevo colegio, si no implicar a toda la comunidad en las obras, aprovechando al máximo los recursos locales; arena, piedra y madera. Contratar trabajadores y porteadores, para crear un movimiento económico en la zona que aportara ingresos a las familias para que, así, pudieran afrontar la reconstrucción de sus propios hogares. Los materiales que no se pudieran encontrar en la zona; cemento, tejado y herramientas, los llevaríamos desde la ciudad más próxima.
De esta manera se iniciaron las obras de la escuela de Lwasa y, más tarde, las de otra aldea, Pawei, en el distrito de Solo-Khumbu.
El desarrollo de ambas construcciones marcha viento en popa, con todos los integrantes de las  comunidades trabajando en sus escuelas. Este mismo planteamiento se irá repitiendo en otras zonas remotas de Nepal afectadas por el terremoto.
A mediados de octubre llegaba a Kathmandú un numeroso grupo para realizar un trekking solidario en el valle del Khumbu. Este idea, forjada por Marta Pozo y con la ayuda de su marido, Manuel Guzmán y el propio Caros Soria, tenía como finalidad apoyar los proyectos de Ayuda Directa Himalaya, aportando una cantidad de dinero por cada participante. Además de promocionar el turismo en Nepal, recurso clave para la supervivencia de la economía del país. Gracias a la aportación directa de cada integrante del viaje y a los ingresos obtenidos por particulares y empresas que se unieron al objetivo del trekking se lograría financiar el 100% de las obras de una de las escuelas que ya estaban en marcha. Además se firmaba un acuerdo de colaboración con la empresa Multiópticas, para colaborar directamente con la Asociación y recoger durante el viaje datos sobre problemas de visión, entre la población local, para poder emprender otros proyectos en el futuro sobre estas necesidades.
El trekking solidario resultó una acción muy efectiva y directa de ayuda, además de transmitir la alegría de sus integrantes por todos los rincones del valle del Khumbu, que esta temporada registraba índices records de falta de visitantes. Logramos comunicar por redes sociales, incluso canales de televisión nacional, el mensaje de que no solo se puede seguir disfrutando de las maravillas que ofrece este país, además, realizar cualquier tipo de turismo en Nepal supone una de las mejores acciones para ayudar a levantar su economía.
Los últimos días del mes de octubre los pasé con mis amigos Manuel Guzmán y Carlos Soria a los píes del Amadablam, posiblemente la montaña más bella de la Tierra. Alcanzar su cumbre, a través de una ruta de gran belleza y complejidad fue el mejor regalo que pude obtener tras todos estos intensos días, esforzándonos en colaborar con la recuperación de este gran pueblo, que supone tanto para nosotros.
El 3 de noviembre, después de celebrar mi cumpleaños en el campo base, lograba alcanzar esta bonita cima con mi compañero Carlos Soria y los sherpas Mikel y Temba. Un auténtico broche de oro para otra maravillosa temporada vivida en Nepal.

Ayuda a Nepal

// May 13th, 2015 // No Comments » // Ayuda a Nepal

Acabamos de regresar de Nepal, pero eso no significa que nos vayamos a olvidar rápidamente de la cantidad de amigos y todas las personas que componen este pueblo maravilloso, con el que hemos compartido mucho tiempo de nuestra vida y que en estos momentos están pasando una situación muy crítica.

Después de nuestra expedición al Annapurna y casi tres meses de estancia en Nepal, mi compañero Carlos Martínez y yo decidimos permanecer más tiempo para poder ayudar todo lo posible en los alrededores del valle de Kathmandú.
Comenzamos colaborando en tareas de desescombro entre las ruinas, acompañando al ejército y policía armada de Nepal. Eran los únicos cuerpos organizados que veíamos trabajar entre los restos del terremoto, además de los propios habitantes que arriesgaban su integridad para intentar rescatar víveres y bienes personales. A golpe de pala, pico, palos de bambú o las propias manos se recuperaba terreno palmo a palmo, abriendo camino a través de estrechas calles y corredores. Poder rescatar algunos sacos de grano resultaba todo un éxito y suponía recuperar los activos que las familias almacenaban en sus casas.
Dormíamos en el campo de refugiados de Bakhtapur, una de las zonas más afectadas del valle de Kathmandú. Todas las mañanas tomaba el té con algunos amigos que había encontrado entre el grupo de refugiados de esta localidad y fue charlando con ellos cuando se nos ocurrió la idea de hacer una pequeña recaudación entre familiares y amigos para comprar algunos sacos de arroz y distribuirlos por estos campamentos.
Ya no disponíamos de mucho tiempo, así que decidimos limitar los ingresos a un día y dedicar el resto a gestionar el dinero de la mejor manera posible. La respuestas de todo el mundo fue increíble y en poco más de una jornada conseguimos reunir la cantidad suficiente para comprar cerca de 15.000 Kg de arroz, además de dal, aceite y sal en proporción , para preparar “dalbat” la comida más apreciada en Nepal con un gran aporte de energía y alimento.
Nos organizamos en colaboración con redes locales y nuestro amigo Chuen Mang Chang, de Hong Kong, que ya estaba trabajando sobre el terreno haciendo valoraciones de necesidades. De esta manera preparamos, durante tres días consecutivos envíos en camiones, furgonetas y autobuses a diferentes aldeas de los distritos de Sindhupalchowk y Sinduli, regiones muy afectadas por el terremoto y con poco apoyo gubernamental, donde el acceso por tierra es muy complicado, con poblaciones disgregadas entre interminables colinas sin comunicación por carretera.
Gracias a la colaboración con los líderes locales pudimos disponer de listas con nombres de cada familia y personalizar la entrega de 581 sacos de arroz, uno por cada familia, que les permitiría alimentarse durante casi un mes, plazo cercano a la siguiente cosecha.
Todo el proceso lo realizamos personalmente, desde la compra de víveres, a la entrega final en mano.
Este tipo de ayuda directa es la que está resultando más efectiva, realizada por distintos grupos de voluntarios, extranjeros y locales. Se resuelven a pequeña escala, pero muchas actuaciones de este tipo pueden resultar más productivas que las operaciones de grandes ONG´s, sobretodo en zonas remotas, que ven como sus posibilidades de actuación y recursos son intervenidos por el gobierno de Nepal, entre los más corruptos del Mundo.
En Junio comenzará el monzón trayendo la temporada de lluvias torrenciales, por lo que ahora mismo vamos a trabajar en un proyecto de compra y reparto de tiendas, toldos y refugios, además de seguir observando las necesidades de comida.
Desde nuestro primer día en España continuamos trabajando. Vamos a realizar otra colecta, abierta a todo el mundo. En estos momentos estamos constituyendo una asociación para dar una forma legal a nuestras futuras acciones y no abandonaremos hasta que nuestros amigos de Nepal vayan salvando los obstáculos que les presenta la naturaleza y la burocracia de su país. Nos sentimos completamente comprometidos con ellos.
En pocos días divulgaremos un número de cuenta y la manera de colaborar. Además ponemos a disposición de quien lo requiera el material gráfico obtenido durante estos días y nuestra propia experiencia para divulgar gratuitamente en cualquier foro este tipo de actuaciones y las necesidades de Nepal.

Los aserraderos de Phakding

// March 23rd, 2015 // No Comments » // Himalaya 2015

Uno de los recursos principales empleados en la construcción tradicional de la vivienda en el Himalaya continúa siendo la madera.
Los bosques de coníferas que se extienden en las alturas medias, por debajo de 3.000 metros, representan una fuente de materia prima esencial para obtener tablas y listones de buena calidad destinados a vigas, puertas, ventanas y mobiliario, con los que completar la edificación de casas particulares, lodges (albergues) o templos.
Las principales aldeas del valle del Khumbu se ubican a una altura superior a los tres mil metros, donde es difícil encontrar masas de pinos importantes. Además, su ubicación dentro del Parque Nacional de Sagarmatha, impide legalmente la explotación de los recursos forestales, más allá de la recogida de leñas muertas, para el fuego.
Phakding (2.610 m) es una localidad regada por el río Dudh Kosi, situada a unas tres horas caminando desde Namche Bazar, la capital sherpa del valle del Khumbu y a poco más de dos horas desde Lukla, la puerta de entrada habitual al valle del Khumbu gracias al aeropuerto Tenzing-Hillary.
Esta población se encuentra fuera del Parque Nacional y rodeada de una extensión considerable de pino silvestre, factores que han propiciado el asentamiento de los almacenes que suministran madera a todas las aldeas del valle. La tala se gestiona a través de un sistema de rotación alternativa de terrenos, para evitar la sobreexplotación de una zona concreta. Es una actividad temporal que comienza en el mes de enero y dura tres meses aproximadamente. El equipo humano está formado por unas 20 personas, procedentes de diferentes lugares de los valles de Solu y Khumbu principalmente de las etnias sherpa, rai y magar. Los trabajadores con residencias más lejanas se trasladan a vivir a los alrededores de Phakding durante el periodo de contrato. En la misma zona de corta se instalan pequeñas cabañas de madera para ofrecer descanso y comida a los operarios, que desarrollan una jornada muy intensa donde no existe un horario fijo ni calendario semanal estable.
Al tratarse de una actividad temporal, las personas que desarrollan este trabajo, complementan el oficio de la madera con labores agrícolas y ganaderas en la zona de residencia habitual.
Aunque puede existir un grado de especialización, en función de la destreza y fuerza de cada individuo, casi todo el mundo hace de todo.
El primer paso es talar el pino, la herramienta empleada es un hacha de una boca, para cortar y derribar el árbol a mano.
Una vez en el suelo el tronco se derrama, para este trabajo también se utiliza el hacha o el kukuri, machete tradicional de Nepal.
Cuando el tronco se encuentra limpio de ramas se traslada a los aserraderos para transformarlo en tablones. Estos aserríos, totalmente manuales y exentos de cualquier signo de industrialización, se ubican  en la misma zona de tala.
Disponen de una estructura básica compuesta por un foso o escalón, aprovechando muy a menudo la propia ladera de la montaña, sobre el que se construye una superficie elevada, apuntalada por tablones, palos y troncos. En función de la importancia de la explotación se pueden encontrar varios puestos en una misma zona.
El árbol, talado y derramado se sitúa en el piso superior de la estructura, calzándose con cuñas para impedir su deslizamiento y rotación. Con el kukuri se practican unas muescas en la parte frontal del tronco donde se engancha una cuerda tiznada que permite trazar las guías que se tomarán como referencia para definir la línea de serrado y el grosor de los tablones. Una gran sierra de mano manejada por dos operarios, uno situado en la planta elevada y otro en el foso, es la herramienta empleada para la transformación del tronco. El movimiento continuo marcado por la compenetración de los movimientos rítmicos de las dos personas resuelven el trabajo de un tronco medio en poco más de una hora.
El número de unidades que se pueden extraer depende del diámetro del árbol y del grosor de las tablas, siendo habitual entre cuatro u ocho piezas. La calidad se determina por la limpieza de sus cantos y caras, así como del número y tamaño de nudos que incluyan las tablas.
Los tablones se van almacenando en las proximidades de los aserraderos, apoyados sobre postes levantados por horquillas donde se mantienen aislados de la humedad del suelo.
Para transportarlos hasta el almacén de madera, situado en Phakding se requiere del trabajo de porteadores que, con cargas superiores a los 50Kg, descienden por las abruptas laderas de la montaña hasta el valle. La distribución de todo el material al resto del valle del Khumbu también es realizada por personas que cargan la madera sobre sus espaldas, con la ayuda de cintas pasadas por la cabeza, ya que en toda la zona no existen carreteras ni pistas que puedan ser recorridas por vehículos. Los caminos son estrechos y a menudo salvan grandes desniveles, requiriendo varios días de caminata para llegar a las aldeas más lejanas.
El sistema de trabajo con sierras de aire, que actualmente se puede observar en las regiones del Himalaya, hace años que dejaron de existir en los pinares españoles. En Valsaín (Segovia) la apertura del aserradero de vapor a finales del siglo XIX, por parte de Patrimonio Real, supuso la industrialización de este proceso, aunque durante algunos años las sierras manuales siguieron conviviendo con los procesos mecánicos, incluso recuperándose durante la época de la postguerra.

Más información:

“Khumbu, el hogar de los sherpas”

“El molino de Thame”

Patrimonio Industrial en Segovia